lunes, 16 de diciembre de 2013

MY BLUEBERRY NIGHTS


Una noche cualquiera, en una ciudad de los Estados Unidos. Una novia discute con su pareja por teléfono. Las cosas no marchan bien y el resultado final es una ruptura telefónica que evita el enfrentamiento cara a cara.
En medio de un escenario urbano, la novia despechada, Elisabeth, (Norah Jones) repara que hay un testigo de toda la acción, un camarero, Jeremy (Jude Law) que está en plena tarea de limpieza.
Sin saber muy bien por qué, se acerca hasta él y empieza una conversación que le ayuda a disipar la tensión del momento.

Tras conversar durante unos minutos decide irse, no sin antes dejarse unas llaves con la consigna de que se las den a quien pregunte por ellas.
Pocas horas después la protagonista de la historia regresa al lugar y le pregunta al camarero si alguien ha venido buscar las llaves. Éste le dice que no y le enseña una pecera llena de llaves, a la espera de que alguien las venga a recoger.

A partir de ese momento, y con la excusa de recordar la historia que cada uno de aquellos pedazos de metal esconden, ambos protagonistas empiezan a conocerse, a intimar, a descubrir razones y motivaciones tiempo atrás olvidadas, encontrando aquello que en algún momento fue realmente importante para ellos. 
Son unas veladas que trascurren frente a un trozo de tarta –aquella que por una extraña razón nadie come- y la quietud de la noche, dama que preside sus encuentros. Ambos terminan por vivir un tempo prestado a los seres mágicos de cuentos y leyendas, donde sólo ellos son los verdaderos protagonistas.

Sin embargo, un día la protagonista decide emprender un viaje que le llevará a descubrir la realidad de otros personajes tan necesitados de un minuto de atención, como lo estaba ella el día que discutió con su novio. Son seres que viven existencias incompletas, fracturadas por las circunstancias de sus vidas y que encuentran en la joven, la cual ha asumido ahora la faceta de camarera, un punto y seguido en sus maltrechas vidas.

Para la protagonista, cada uno de ellos -desde el matrimonio que vive separado por el alcohol y el deseo, Sue Lynn y Arnie, hasta Leslie, la ludópata que trata de recorrer el camino inverso al de su progenitor- son las escalas de un viaje que le llevarán a encontrarse consigo misma y con su verdadera identidad.

Y no piensen que la protagonista se ha olvidado del camarero que conoció al principio de la historia. No, éste forma parte del viaje mismo, por medio de las postales que le manda desde cada uno de los lugares que visita. Para él, aquellas postales le recuerdan los momentos transcurridos debajo de la luz de la barra de su bar, frente a un trozo de tarta recién cortada.

My Blueberry Nights representa un viaje físico y mental de unos protagonistas que tratan de encontrar –como el común de los mortales- su lugar en el mundo. Su director, Wong Kar-wai, vuelve a llevarnos de viaje, una de las constantes de su cine, y nos da su peculiar visión de una clásica “Road Movie” norteamericana.

La diferencia es que el papel interpretado con tremendo acierto por la cantante Norah Jones –en su debut cinematográfico-, no se nos presenta como una huída del pasado, sino el comienzo de una nueva vida.
Ella pone todo su empeño en descubrir qué es realmente lo que quiere hacer con su vida y no duda en interactuar con quienes se cruzan en su camino para lograrlo.  Gracias a ella conocemos las pequeñas tragedias que se esconden detrás de personajes normales y corrientes a los que la vida ha jugado una mala pasada.
Por momentos la narración parece una partida de cartas en la que debes saber cuándo plantarte y cuándo apostar todo lo que tienes encima de la mesa.

Y en medio de todos ellos se esconde esa forma relajada y poética de filmar que se ha convertido en el sello de identidad de Wong Kar-wai. Su cámara no fuerza las situaciones, no vulnera la tranquilidad de los protagonistas. Pasa de puntillas sobre sus vidas sin hacer ruido, como si no quisiera interrumpir el desarrollo vital de cada uno de los protagonistas. 
De esa forma, la atmósfera que rodea a toda la narración no se pierde en estridencias inútiles ni en vanos artificios.  Wong Kar-wai logra, con esta forma de contar, que el espectador pase a ser un protagonista más de la acción, ocupando un silla del bar en el que trabaja Jeremy, esperando turno para que Elisabeth le sirva su pedido, compartiendo una copa con Arnie (David Strathairn) y Sue Lynn (Rachel Weisz) o jugando una partida de cartas con Leslie (Natalie Portman).

Al final, toda la historia se cierra en un círculo perfecto, redondo y lleno de ternura y genialidad.  

Puede que esta historia se pudiera contar con miles de palabras, con frases ingeniosas, pero las imágenes rodadas por Wong Kar-wai, según una historia y un guión escrito por él mismo, son de un lirismo que traspasa el lenguaje hablado para llevarnos hasta el mundo de la ensoñación y la imaginación, inmerso en una sociedad menos dispuesta cada vez a dejarse seducir por tales disciplinas.

Todo lo demás corre por cuenta de cada uno, nada más apagarse las luces de la sala, en la soledad del salón de tu casa, después de darle al play en el reproductor que toque.


© Block 2 Pictures, Jet Tone Production, Lou Yi Ltd. & StudioCanal, 2013

lunes, 9 de diciembre de 2013

NIGHTS VISIONS MAXIMUM HALLOWEEN 3013


Admito, sin ningún pudor y recato, que la motivación que me llevó a convencer al redactor de un medio de comunicación de las islas para que éste lograra que el medio en el que él trabajaba solicitara una acreditación de prensa para cubrir un determinado festival fue absolutamente egoísta. Y lo fue, porque cuando vi la oportunidad de acudir como periodista acreditado al festival de Sitges, más conocido como festival de cine fantástico de Sitges, no paré hasta conseguirlo.

El cine de género siempre ha sido el que más me ha gustado, el que me ha hecho recorrer buena parte del mundo y aquel por el que tengo una mayor querencia. Otra cosa bien distinta era decir, en aquellos años, -1986, para ser exactos- que te querías dedicar a escribir sobre cine de género, algo considerado poco menos que una anatema y merecedor de un excomunión papal.

Piensen, si no, que, durante varias décadas, los exponentes del cine de terror y fantasía se limitaban a nombres tan señalados y recordados como Jesús Franco, Narciso Ibáñez Serrador -y su inimitable padre, Narciso Ibáñez Menta-, Amando de Ossorio, Jorge Grau o el gran Paul Nashy, auténtica piedra angular sobre la que se sustentó el cine de género durante varias décadas.

De ahí que, con dichos antecedentes y la consideración profesional reinante para quienes quisiéramos dedicarnos a escribir no sobre cosas serias, sino sobre “pavadas”, tales como monstruos, fantasmas, zombis, héroes oscuros e imperios galácticos, mis expectativas profesionales fueran más bien pocas.
Los años pasaron, el siglo XXI llegó, con la globalización y la red de redes, y aunque muchos se muestran irreductibles -como los galos de Goscinny y Uderzo- las cosas han cambiado… Más o menos, pero han cambiado.

Ahora no sólo está de moda hablar de zombis, hombres arácnidos y vengadores oscuros, sino que mola y mucho, vaya que sí. Otra cosa es que quienes ahora se comportan así, tengan la más mínima idea sobre qué están hablando, pero ésa es otra cuestión.

Volviendo a mi caso particular, a mi devenir por festivales de cine, he añadido el cubrir festivales de todo tipo y condición, dentro y fuera de nuestro país, aunque mi querencia hacia el cine de género no haya disminuido un ápice, sino todo lo contrario.

Por todo ello, no es de extrañar que, de entre todos los festivales que cubro durante el año –una media de entre 6-9 festivales, desde hace casi una década- Night Visions sea, junto con la sección dedicada a las candidatas a llevarse el Méliès de oro a la mejor producción de género europea (celebrada en Espoo Ciné), el lugar en el que me sienta más a gusto. Además, admito que las vueltas de tuercas argumentales, perpetradas por el director del evento, Mikko Aromaa, y su equipo, año tras año, no dejan de sorprenderme.

Esta pasada edición del festival, Maximum Halloween 3013, Night Visions nos ofreció la posibilidad de disfrutar de un selecto menú de psicópatas caníbales, dentro de la sección Nights Visions Culinary  Cinema + Dinner. El menú no incluía un buen plato de pasta con almejas, sino un clásico del cine “caníbal” transalpino, Eaten Alive (Mangiati vivi!) del irrepetible Umberto Lenzi, junto con la sórdida, oscura, pero tremendamente inteligente realización de Jim Mickle We are what we are, y la no menos desasosegante Lord of Darkness (a.k.a. Sawney: flesh of blood). 


Esta última, dirigida por el escocés Rick Woods, quien acudió al festival para presentar su película -y de paso contarnos algunas cosas sobre su rodaje-, bebe de la truculenta historia de un clan familiar, psicópata, caníbal y demente, versión europea de los no menos dementes integrantes del clan familiar que sirvió de inspiración al realizador Tobe Hopper para su celebérrima Texas Chainsaw masacre, décadas atrás.


La salvedad es que Lord of Darkness es una película sin mayores pretensiones que las de entretener y sobresaltar al público, merced a la buena actuación de algunos de sus actores principales, mientras que We are what we are plantea dilemas mucho más complejos y espinosos, amén de una reflexión sobre las reglas morales que rigen el esperpento de sociedad humana en la que vivimos.

Esa misma moralidad -tan inflexible como difusa, según sea la circunstancia en la que estemos inmersos- se plantea en la sensacional Big bad wolves, realización israelí dirigida por el dúo Aharon Keshales y Navot Papushado. La trama de esta ácida, a veces delirante, pero tremendamente extrema película es simple; es decir, ¿hasta dónde llegarías para lograr encontrar el cadáver de tu hija, desaparecida tras ser secuestrada?
Los protagonistas son pocos. El padre de la niña, un policía, amante de los excesos y el castigo físico, un sospechoso claro -por lo menos, a ojos del padre de la niña- y, en última instancia, el abuelo de la niña, mucho más sádico y determinado que su hijo.


Pónganlos todos en medio de un sótano, especialmente adaptado para poder torturar a una persona sin peligro de ser molestado y, el resto, es lo que cuenta la película de los dos jóvenes realizadores israelíes.
Big bad wolves pone los siguientes dos temas sobre la mesa, de imposible resolución: la tortura, práctica que lleva al ser humano a comportarse como el animal NO racional que en realidad es, y la imposibilidad de ganarle la partida, con las leyes en la mano, a la legión de psicópatas y degenerados que gustan de atentar contra los más débiles e indefensos de nuestra sociedad.

La degeneración moral que sufren los protagonistas es clara y rotunda, pero la pérfida y sádica inteligencia de quien disfruta con el dolor ajeno tampoco se queda atrás y lleva a todos, protagonistas y público, a transitar un callejón sin salida del que nadie sale indemne.


Indemnes tampoco salen los protagonistas de la segunda incursión cinematográfica de la pareja Hélene Cattet y Bruno Forzani, tras su magnífica Amer. The strange color of your body´s tears (a.k.a. L´Etrange Couleur des Larmes de ton corps) vuelve a querer reinventar el Giallo más clásico, aunque sin tanta fortuna como sí ocurriera en Amer. Sus personajes son víctimas de los mismos delirios argumentales y visuales que luego hicieron famosos a directores tan conocidos como Dario Argento, Mario Bava o Lucio Fulci. No obstante, la narración queda algo afectada por un sinfín de secuencias un tanto inconexas y excesivas, muchas de las cuales lastran la puntuación cinematográfica, frente a otras, mucho más sencillas pero de mayor efectividad narrativa.

No quiero decir que la película de la pareja Cattet & Forzani no sea digna de dedicarle los 102 minutos que dura, pero no sería justo si no reconociera que sus esfuerzos por sorprender al espectador con una nueva “vuelta de tuerca visual” terminan por no ser tan efectivos e impactantes como si lo fueran en su anterior película.

De igual modo, es de recibo reconocer que ambos realizadores están logrando hacerse un hueco en el panorama cinematográfico internacional gracias a sus reinterpretaciones del Giallo más clásico, aunque adaptado al siglo en el que vivimos, visual y argumentativamente hablando.   


Otra reinterpretación que sí logra seducir plenamente al espectador, tanto por su impecable factura como por su narración, es Kiss of the damned, escrita y dirigida por Alexandra “Xan” Cassavetes, hija del gran John Cassavetes y de la no menos importante Gena Rowlands.

Kiss of the damned es una visión real, pero tremendamente sensual y hermosa del vampirismo como forma de vida. Los personajes que pinta Xan Cassavetes no son de cartón piedra -como ocurre en otras realizaciones que tocan el tema del vampirismo- y, como seres reales, tienen sentimientos, emociones, dudas y tribulaciones, a lo largo de sus longevas vidas.
Después están quienes sólo se dejan dominar por sus instintos, no los vampíricos, sino los humanos, instintos que ponen a nuestra sociedad en el disparadero y que, un día de estos, acabarán con ella.

En esta historia, la atormentada y bella Djuna tiene en Mimi su némesis maligna y el foco de todos sus problemas, por mucho que su mentora, Xenia, trate de poner paz entre ellas. Con la llegada de Paolo, un joven escritor que acepta el desafío de ser convertido en un no muerto, las cosas irán a peor, porque cuando son los instintos los que mandan sobre el raciocinio, nada bueno puede pasar. 

La virtud de la realizadora y escritora es situar todas estas pasiones bajo el prisma del vampirismo, cargado de sensualidad, perversión, belleza y repulsión, elementos manchados por la sangre que brota de los cuellos de las víctimas que alimentan a quienes viven por y para ella.


Quien también logra reinterpretar otro de los temas clásicos en el cine de género; es decir, las posesiones demoniacas, y con buena nota, es Adrián García Bogliano, responsable de la película Ahí va el diablo.
Partiendo de una premisa igualmente clásica, un territorio maldito y la truculenta historia de un asesino “serial”, Ahí va el diablo, bebe de fuentes tan conocidas para los aficionados como las dos versiones existentes de Village of the dammed (1960/ 1995), amén de añadir las andanzas de un depravado ser que asoló y atemorizó a todo el entorno el cual sirve de escenario a la película. Luego el director lo mezcla todo con los problemas y la idiosincrasia particular de la sociedad mejicana y el resultado termina por hacer que te sientas incómodo en tu butaca, sin necesidad de mucho más.

Al final, los niños que un día fueron a dar un paseo y volvieron transformados son una excusa argumental para mostrarnos las bajas pasiones, los excesos de muchas sociedades, en especial las latinas, y la incapacidad del ser humano por ponerse de acuerdo en las cosas más elementales y recurrir a la violencia como interlocutor válido en vez del diálogo.

Una vez que las luces se encienden, uno no tiene claro si han sido los niños que protagonizan las película los que han sido poseídos por una entidad maligna, o, por el contrario, son los demás personajes, empezando por los progenitores de los niños, quienes llevan décadas poseídos por algo mucho peor que un demonio.


Una conclusión similar se puede extraer de un nuevo ejemplo de la maestría del director chino Johnnie To, realizador empeñado en mostrarnos la violencia más extrema, áspera y sangrienta, tan del gusto de los seres humanos. Drug War (Du Zhan) nos demuestra que la guerra contra el tráfico de drogas está lejos de concluir, más bien todo lo contrario. En esta contienda que lleva ya más de un siglo desarrollándose sólo hay víctimas, algunas más culpables que otras, pero víctimas. Recurriendo al dictado de los implacables Borg del universo Trekkie, “toda resistencia es fútil”. Ni siquiera los esfuerzos del capitán Zhang Lei, un pétreo oficial anti-droga, tan inteligente como expeditivo, pueden lograr que la balanza se desequilibre un poco frente a quienes compran voluntades, corrompen gobiernos y arruinan generación tras generación de jóvenes. 

En esta guerra, parece querer decir Johnnie To, el resultado está amañado de antemano y poco pueden hacer los jugadores por cambiar la situación.


Algo parecido se podría decir de los personajes que transitan por la última aventura cinematográfica del director finlandés Renny Harlin, The Dyatlov Pass Incident. Basada en un suceso real, nos cuenta la extraña muerte de nueve personas durante la noche del dos de febrero del año 1959, en medio de los montes Urales. Ni ahora, ni entonces, a pesar de las explicaciones aportadas por los responsables políticos de aquellos años, se ha logrado determinar la razón de las muertes de todos y cada uno de los integrantes del grupo –tres mujeres y seis hombres- y por qué, varios cuerpos sufrieron heridas y amputación de miembros y otros no, estando todos juntos en el mismo campamento.

A día de hoy, el suceso, ya conocido por el nombre de The Dyatlov Pass Incident, apellido del guía del grupo, Igor Dyatlov, continúa siendo uno de los misterios sin resolver que apasiona y obsesiona a investigadores, curiosos y amantes de los expedientes X reales.

Para el director nórdico, The Dyatlov Pass Incident supone una excusa para, cámara en mano, volver a recorrer la senda que trazaran los estudiantes del instituto politécnico de los Urales fallecidos en 1959, dando, de paso, su versión de lo que allí pudo suceder.  Tal y como sucede con cualquier tipo de experimento visual de estas características, tiempo después del filón abierto por The Witch Blair Project, la película gusta de sobresaltar al espectador gracias a la excusa más nimia, aunque, por fortuna para quienes vean la película, Harlin sabe cómo manejar una cámara, frente a quienes solamente tratan de marear y no contar nada.

No obstante, la interpretación del suceso acaba por dejarte un tanto frío, casi tanto como las peregrinas excusas de las que solía hacer gala el régimen soviético cuando no quería contar la verdad, razón por la que, a final, el misterio del grupo liderado por Igor Dyatlov continúa igual de misterioso.

Termino este recorrido por algunas de las mejores propuestas del festival Night Visions Maximum Halloween 3013, con dos películas. La primera, la que inauguró el festival, es Gravity, de Alfonso Cuarón. La segunda, Escape Plan, del director sueco Mikael Håfström.


Lo primero que se me vino a la cabeza cuando estaba viendo la sensacional propuesta escrita y dirigida por Cuarón padre –su hijo Jonás es también responsable del guión- fue la frase con la que se subtituló Alien en España; es decir, “en el espacio, nadie podrá oír tus gritos.”

Gravity se diferencia de la película de Ridley Scott en que, en esta ocasión, el antagonista al que se enfrenta la doctora Ryan Stone no es una sanguinaria e implacable criatura alienígena, sino la soledad, fría y silenciosa, el espacio exterior.

Alfonso Cuarón no necesita de grandes efectos, música inquietante ni sombras que esconden malévolas criaturas. Le basta combinar el miedo, la ansiedad, la desesperación y el instinto de supervivencia de la protagonista para tenernos noventa minutos tan desasosegados como la astronauta que ve cómo su vida puede terminar vagando sin rumbo por el espacio exterior.


Por último, y no por ello menos importante, quiero rendir un pequeño homenaje a dos actores que, después de llevar casi cuatro décadas haciendo películas, han llegado a un momento de su carrera donde hacen lo que hacen porque les gusta y se lo pasan bien. Los nombres de estos dos actores, Sylvester Stallone y Arnold Schwarzenegger, y la película que ha logrado juntarlos es Escape Plan.

Dirigida por el director sueco Mikael Håfström, Escape Plan retoma una fórmula muy clásica; es decir, enfrentar a dos protagonistas, acostumbrados a ser el centro de toda narración, y obligarles, en el buen sentido, a compartir espacio y protagonismo.

Además, los papeles en los que Sylvester Stallone no hace de héroe con mayúsculas, sino de tipo normal y corriente, sometido a situaciones anormales son aquéllos en los que mejor se desenvuelve. En el caso de Arnold Schwarzenegger, el paso de los años le han dado un aplomo y cierta aura de respetabilidad, la cual le viene que ni pintada para el papel que interpreta. El  tercero en discordia es el cada vez más presente Jim Caviezel, un actor que sin armar nada de ruido ha logrado colocarse a la altura de los más grandes.

La virtud del director es doble, pues no solo no da señas de sentirse muy intimidado, sino porque combina el guión de la película con una selecta selección de chistes privados que solo conocen quienes hemos visto la trayectoria de estos grandes actores, desde sus comienzos.

¿Hay más cosas que contar de Night Visions Maximum Halloween 3013? Sí, pero eso lo dejaré para una próxima reseña.   

We are what we are
© Belladonna Productions, Memento Films International, Uncorked Productions, Venture Forth & The Zoo, 2013

Lord of Darkness
© TVP Film & Multimedia, 2013

Big bad wolves
© United Channel Movies, 2013

L’étrange couleur des larmes de ton corps
© Anonymes Films & Tobina Film, 2013

Kiss of the damned
© Bersin Pictures, Deerjen Films, Venture Forth & Verisimilitude, 2013

Ahí va el diablo
© MPI Media Group, Morbido Films & Salto de Fe Films, 2013

Drug War
© Beijing Hairun Pictures Company, Huaxia Film Distribution Company, CCTV Movie Channel Milky Way Image Company & Hairun Movies & TV Group, 2013

The Dyatlov Pass Incident
© Aldamisa Entertainment, K. JAM Media, Future Films, Midnight Sun Pictures & Non-Stop Productions, 2013

Gravity
© Warner Bros., Esperanto Filmoj & Heyday Films , 2013

Escape Plan
© Summit Entertainment, Emmett/Furla Films, Mark Canton Productions, Emmett/Furla Films,
Envision Entertainment Corporation, Boies/Schiller Film Group & Atmosphere Entertainment MM, 2013





lunes, 18 de noviembre de 2013

MADRES IMPERFECTAS


 
De una forma u otra, los responsables de seleccionar las películas que componen las distintas secciones del festival internacional de cine de Espoo, gustan de presentar historias que te hagan pensar, más allá del mero entretenimiento que supone disfrutar de dos horas en una sala cinematográfica.
Por dicha razón, no es inusual encontrar cintas que traten temas muy determinados, vistos bajo el prisma de realizadores de distintas nacionalidades y culturas, circunstancia que enriquece a quienes asisten a las distintas proyecciones. cada año, uno de los temas más recurrente es el de la maternidad y las no siempre sencillas relaciones entre las madres y sus hijos.
Un ejemplo de todo esto es la película  L'enfant D’en Haut, dirigida por Ursula Meier.  La cinta plasma una de esas realidades que muchos se empeñan en negar; es decir, ser madre no significa tener el libro con todas las respuestas, ni saber qué hacer, una vez nacido el niño. Ser madre es una responsabilidad SOBRESALIENTE, con mayúsculas, responsabilidad que la madre de Simon, el protagonista de la cinta, ignora desde el minuto uno.
Por contrapartida, Simon es un niño obligado a soportar la presión de tener que ser el cabeza de una familia compuesta por él mismo y su madre, quien, lejos de ayudar, sólo lo presiona más con su falta de sentido. Su insensatez es tal que llega a simular que ella no es la madre de Simon, sino su hermana mayor y que es ella quien lo “cuida” mientras sus padres están de viaje continuo.
La realidad, como muy bien plasma la película, es bien distinta. Simon es un pícaro del siglo XXI, acostumbrado a sobrevivir con los beneficios que le reportan los robos que comete en una estación de esquí que está cerca de su casa. Sus tácticas en el arte del latrocinio, muy bien desarrolladas para alguien de tan solo 12 años, le reportan, en la mayoría de los casos, suficiente efectivo como para comprar comida y “papel de baño”, tal y como le confiesa a un camarero que lo descubre robando esquíes en una de las dependencias del complejo deportivo.
Lo peor del caso es que, lejos de ayudarle, el camarero, como otros muchos de sus compañeros, no duda en aprovecharse del niño, chantajeándolo o comprándole mercancía robada sólo unos minutos antes. De esta forma, Simon vive una existencia condicionada por su precario modo de vida, sin nadie que, realmente, se preocupe por sus necesidades vitales.
El colmo del disparate viene cuando su patética madre le llega a “vender” la posibilidad de poder estar a su lado, durante una noche en la que el niño busca calor humano y la comprensión de una madre que ni está, ni le interesa estar. A la mañana siguiente, Simon comprobará que su madre prefiere una buena borrachera con cualquiera de sus no menos patéticos novios, antes que preocuparse de las necesidades de su hijo.
L´enfant D’en Haut pone sobre la mesa muchas de las carencias de una sociedad en la que cada cual va a lo suyo y nadie se preocupa por lo que le pueda pasar al resto. Simon está solo, sin que nadie se dé cuenta de sus carencias y, encima, ni la administración pública y ni los servicios sociales parecen darse cuenta de la situación.
En parte, todo esto es una dura crítica al desmantelamiento de buena parte del estado del bienestar, perpetrado por el anterior gabinete conservador galo, aunque situaciones como ésta se repiten en todas las partes del globo.
La realizadora termina la película con una agridulce secuencia, la cual te ayuda a digerir un poco lo visto, pero que no disipa las dudas sobre un desenlace tal trágico como predecible.
 
 
Junto a L´enfant D’en Haut muy bien se podría colocar Varasto, película finlandesa que presenta a una madre igualmente descerebrada e inútil, aunque vista bajo la óptica de su circunstancial pareja masculina en la aventura de tener niños.
Y digo circunstancial, porque, ni en la peor de sus pesadillas, Rousku, el protagonista de la cinta, se hubiera imaginado que acabaría siendo el padre de una niña con Karita, su insustancial compañera de trabajo. Ambos eran amantes ocasionales, aunque sin mayores ataduras, y, a decir verdad, salvo la cama, pocas cosas los ataban.
Por otra parte, Rousku convive con Raninen, su compañero de fatigas en el almacén de una empresa de suministros para empresas de construcciones. Sus jornadas trascurren sorteando el tedio de una existencia sin mucho futuro, salvo por los trapicheos de Rousku con un viejo anarquista, amigo de su padre y empeñado, éste, en esquilmar a los ricos en beneficio propio.
Con un universo tan limitado, la noticia -la bomba, más bien- del embarazo de Karita sacude los endebles cimientos de la vida de Rousku y le obliga a cambiar su forma de vida, adaptarse a la vida en pareja y un sinfín de pequeños cambios.
Lo mejor del caso es que Karita, lejos de tratar de cambiar su actitud por el hecho de ser madre, continua siendo la cabeza hueca que presume no haber leído un libro en su vida y de pasar todo su tiempo libre viendo programas para “lerdos” en televisión.
Uno llega a entender la razón de su falta de instinto maternal, luego de ver su madre y al cabestro que vive con ella. No obstante, Karita simboliza a esas mujeres que mejor nunca, nunca tuvieran un niño ante su incapacidad manifiesta.
Al final, será Rousku quien, por una serie de circunstancias, podrá a cada cual en su sitio, tanto al anarquista de salón que pone en peligro su trabajo, como a la descerebrada de su mujer, asumiendo la responsabilidad de su nueva situación de una forma que Karita ni siquiera se plantea.
Varasto no es sólo una ácida visión sobre la nada perfecta sociedad finlandesa, tan llena de problemas como cualquier sociedad contemporánea, sino una sátira nada disimulada sobre los tópicos que se tienen acerca de quien asume, y quien no, la responsabilidad de ser padre. En este caso, es el varón el que SÍ asume su rol paternal, mientras que la hembra nunca abandona “el mundo piruleta” en el que lleva viviendo de su más tiernas infancia.
Al final, será la niña la que nos cuente en qué ha terminado todo, mucho mejor de lo que cualquiera se pudiera haber imaginado, a diferencia de la película francesa anteriormente comentada.

© Vega Film, Archipel 35, Radio Télévision Suisse (RTS) y Bande a Part Films, 2013
© Kinosto y Mainostelevisio (MTV3), 2013

 
 

domingo, 10 de noviembre de 2013

ENTREVISTA CON NOORA MAIJALA, RESPONSABLE DE LOS VOLUNTARIOS EN EL FESTIVAL DE CINE CINEMAISSI 2013



Si me quisiera poner estricto, debería analizar todos aquellos elementos y/ o experiencias personales que han dado como resultado, una vez sumados todos, una de esas verdades absolutas que cada persona posee en su credo personal; es decir, quienes te ayudan, ya sea de manera desinteresada o remunerada, se merecen el mayor de los respetos, en cualquier momento y en cualquier circunstancia.

Sé que hay personas desagradecidas, amantes confesas de aprovecharse de una situación y arruinarla, con tal de salirse con la suya. Sin embargo, no es menos cierto que es muy fácil volcar tu repertorio de inseguridades en quienes están aprendiendo y sólo tratan de encontrar un lugar en este esperpento de mundo en el que nos ha tocado vivir. Aquellos que se empeñan en abusar, verbal y físicamente de los recién llegados –y que se autoproclaman veteranos- son solamente una caterva de ignorantes, vomitivos y nauseabundos, incapaces de liberarse de la losa que les supone su mediocridad y su malsana ignorancia.

Admito que mi problema estriba en que, al revés de que quienes sí se ceban, aprovechan y/o abusan de los novatos, recién llegados y/ o voluntarios, yo no he tenido un lapso momentáneo de memoria, ni nada por el estilo. Por dicha razón, no hay ninguna causa externa, ni interna que me impida recordar lo mal que lo pude pasar cuando debí sobrellevar dichas experiencias, estando a merced de los delirios de los miserables antes mencionados.

Con el paso de los años, mi concepción sobre este tema no me ha granjeado, precisamente, muchos amigos, aunque tampoco es algo que me haya quitado el sueño. Con todos mis defectos, y sé que he cometido errores enormes, y muchos, sí que me siento orgulloso de haberle parado las patas a muchos jefecillos de tercera categoría, auténticos “cantamañanas” sin mayor virtud que ostentar un cargo que les venía grande desde antes de nacer. Tiparracos… Botarates, y más como ésos, son los que hacen que nuestra sociedad funcione tan mal, aunque ese tema no sea el central de esta columna. 

El tema central de esta columna es hablar, sin entrar en asuntos personales, de quien se hizo cargo de los voluntarios en el pasado festival de cine iberoamericano de Helsinki, Cinemaissi 2013. En realidad, mi primer contacto con Noora Maijala fue el mismo día que fui a buscar mi acreditación de prensa y debo admitir que me sorprendió su cordialidad, además de su castellano más que correcto. No me entiendan mal, no me importa hablar, constantemente, en otro idioma, mi lengua puente en este país es el inglés, dado que el finlandés, aunque lo entiendo un poco, no se ha hecho para mis, ya oxidadas, neuronas. No obstante, pasarme un fin de semana hablando en mi idioma es algo que resulta hasta refrescante.

Sea como fuere, el segundo día del festival volví a coincidir con ella y, tras explicarme cuál era su cometido, -responsable de los voluntarios del festival-, pude ver cómo se comportaba y cómo trataba a los voluntarios. Por lo general, los voluntarios son tratados de una forma mucho más sensata, humana y cercana aquí, en Finlandia, que en España, aunque en eso nuestro país siempre ha estado muy por debajo de la media. Salvo muy gloriosas excepciones, a los voluntarios en nuestro país, aquéllos que lo hacen “por amor al arte y en busca de experiencias”, se los trata indistintamente como basura y sé MUY BIEN de lo que hablo, demasiado bien.

Siguiendo el tema en cuestión, ese mismo día Noora me comentó lo que había pasado con la copia en una sesión y cómo se había comportado la voluntaria Sophie, para más señas, dado que yo estaba en dicha sesión como parte del público. Su forma de plantear el problema, el trato que le dispensó a la voluntaria y el celo por tratar de que nadie se sintiera decepcionado por un error que suele ser habitual en un festival de cine –aunque era la primera vez que veía algo así, tras tres décadas asistiendo a festivales, la verdad sea dicha- me acabaron por demostrar que hablar con ella sería una muy buena oportunidad para pintar un fresco sobre cómo se tratan éstos y otros asuntos en este país del norte de Europa.

¿Cómo acabé siendo la responsables de los voluntarios de Cinemaissi? Bien, fue Jaime (Potenze, director del festival) quien me lo propuso, una vez que la anterior responsable dejó el cargo. Yo fui voluntaria el pasado año y, además, me hice amiga de mi jefa. Por eso, pude descubrir muchas más cosas que las que, normalmente, ve un voluntario cualquiera. Admito que me encantan los retos y cuando Jaime me lo propuso, acepté.

Una vez que asumí que debía coordinar a un grupo de personas, pensé en lo que había visto el año pasado, aquellas cosas que yo pensaba que había que cambiar y luego adaptarlo todo a mi manera de trabajar. Ahora, una vez finalizado el festival, estoy contenta con cómo salieron las cosas y con el trabajo del 95% de los voluntarios. Siempre hay gente que no responde a las expectativas, aunque es cierto que hay voluntarios que llegaban al festival después de trabajar ocho horas y se me hacía duro tener que decirles que debían estar, por ejemplo, vendiendo entradas hasta las diez de la noche, con lo que su jornada acababa siendo de más de doce horas.  

Es cierto que, cuando se es voluntario, uno no se preocupa de muchas cosas, salvo de cumplir sus horas y lograr ver cuantas más películas, mejor. Ahora, se trabaja mucho cuando se es voluntario y, como ya te he dicho, después de ir a clase todo el día o después de terminar de trabajar, con lo que el esfuerzo es doble.

También sé que resulta difícil hacerle entender a las personas con las que trabajas cuál es el funcionamiento de un determinado evento. Yo ya tenía otras experiencias desarrollando proyectos en la universidad, algo que me ayudó cuando acepté ser coordinadora. Sin embargo, tienes que estar aquí para darte cuenta de cómo funciona, en realidad, un festival como Cinemaissi.

El día de la inauguración, Sofía (Déniz), productora del evento, dijo que trabajar en el festival había sido un camino con sus momentos buenos, algunos no tantos, y otros en los que parecía que nada llegaría a salir. Pienso lo mismo, aunque, en mi caso, sé que tengo una forma de trabajar que no siempre es compatible con todo el mundo, salvo con mi pareja, con quien no sólo trabajo bien, sino que me entiende y sabe cómo tranquilizarme en medio de una crisis.

¿Soy de las que se lleva el trabajo a casa? Sí, normalmente, sí, sobre todo cuando pienso que las cosas se podrían haber hecho de otra forma y, por una suma de factores, no fui capaz de hacerlo como yo hubiera querido. Al final, logro relajarme, pero hay veces en las que me acuesto con una idea y me levanto pensando en ella. (risas)

¿Qué cambiaría si pudiera? Una cosa. Pediría tener más tiempo para conocer y trabajar con los voluntarios. Este año apenas he tenido un par de días para hablar con ellos y creo que, si se tuviera más tiempo, se les podría enseñar mejor y hacerles comprender cosas que, sin tiempo, resulta muy difícil hacerles entender. He sido voluntaria y algunas veces eché de menos alguna explicación y la posibilidad de comentar algo o, simplemente, preguntar. De todas formas, te vuelvo a decir que con el poco tiempo que tuve y siendo éste mi primer año, estoy muy satisfecha con el trabajo.

¿Volveré el año que viene? La verdad es que no lo sé. Me ha gustado mucho trabajar en Cinemaissi y ya te he dicho que este trabajo es un reto continuo. Lo que ocurre es que hay muchas cosas que quiero hacer y no sé si podré abarcarlo todo. De todas formas, estos dos años ha sido muy buenos, sobre todo este último y estoy muy agradecida por la oportunidad que me brindó Jaime al ofrecerme ser la coordinadora de voluntarios.

Tal y como podrán ver, Noora Maijala demuestra no sólo una gran claridad de ideas, sino memoria y una coherencia profesional que no suele ser la moneda de cambio en nuestra geografía. Además, queda claro que ha tratado de aprovechar todas sus experiencias para forjarse un carácter que le ayude a enfrentarse al reto que supone no sólo organizar, sino ser responsable de un equipo de trabajo, una tarea que, aunque grata, nunca está exenta de problemas y/o conflictos.

Lo que yo puedo añadir son los momentos en los que pasé observando su comportamiento, su gusto por cuidar los detalles, por tratar a todo el mundo por igual y porque la imagen del festival siempre quedara en buen lugar, un concepto –el de la imagen de marca- tan oscuro y difuso como olvidado en nuestro país. Me imagino que, luego, cada cual tendrá sus propias opiniones al respecto, pero llevo los suficientes años trabajando en ambos lados, como periodista y como organizador/ coordinador y relaciones públicas de eventos, como para saber qué es lo que se debe y lo que no se debe hacer, y qué estilo es mejor y cuál es mejor dejar metido en el armario, bien cerrado y olvidado.

Y les puedo asegurar que el estilo de Noora Maijala es que el muchos deberían hacer suyo, tanto en el trato para con los demás como en su forma de cuidar las formas y defender la integridad y la imagen de un evento que, cada día, gana en adeptos, simpatizantes y colaboradores, a tan sólo un año de su décimo aniversario.

Poder hablar con Noora Maijala tras la finalización del evento me demostró que se pueden hacer las cosas de otra forma –y no de la forma torpe, miserable y prepotente que se dispensa en un evento cultural en tierras hispanas- y que nunca, nunca se debe perder ni la memoria, ni las buenas formas.

Sólo espero que el año que viene vuelva a estar al frente de los voluntarios, una pieza más importante de lo que muchos creen y, si no es así, que encuentre ese lugar/ evento/ reto en el que volcar todo su corazón, tal y como me dijo antes de despedirse.   

domingo, 20 de octubre de 2013

CINEMAISSÍ 2013




Hay momentos en los que me pregunto por qué en un mundo como el nuestro, donde cada vez las personas van más a lo suyo, olvidándose del resto de sus semejantes, hay individuos que se empeñan en llevar la contraria y dedicarse a mostrarnos aquello que, normalmente, nos suele pasar desapercibido.

De alguna forma, vienen a ser como pequeños discípulos del celebérrimo detective Sherlock Holmes, quienes, como es el caso de los responsables del festival de cine Cinemaissí, ocupan buena parte de su tiempo en traernos hasta este lejano país del norte de Europa una sobresaliente muestra del séptimo arte latinoamericano.

Este año Cinemaissí se ha transmutado, además, en un evento cultural de tres semanas de duración, donde se han podido disfrutar de seminarios acerca de la inmigración, de proyecciones especiales en donde se recogen las transformaciones de la sociedad brasileña, los derechos de las minorías de la Amazonia, o la identidad de género, además de una nueva edición de Cinemaissíto.
Cinemaissíto, la edición para los más pequeños de este festival, contó con talleres gratuitos para aprender a bailar, cantar, hacer juguetes, escribir historia y construir piñatas.

Si nos ceñimos al festival cinematográfico propiamente dicho, evento que cubrí desde el primer día, la variedad temática y la riqueza de sus contenidos volvió a ser la piedra angular de la programación.



De entre todas las películas que se proyectaron, El Premio, película escrita y dirigida por Paula Markovitch, es quizás la que mejor representa el pasado y el presente de buena parte de los habitantes que han sufrido las esperpénticas dictaduras militares del pasado siglo XX. 
El miedo, la incomunicación, la inseguridad y la falta de equilibrio personal que sufre la madre de Cecilia, la niña protagonista de esta película, son una parábola de esa inseguridad perpetua que parece sobrevolar el destino de todos estos países. Cecilia, una niña de siete años, inteligente y despierta, ejemplifica a esa víctima inocente que, por la demencia y el ansia de poder de los milicos de siempre, debe vivir una vida apartada, semi-clandestina y sin una figura paterna que le ayude a madurar, tal y como le ha sucedido a muchos otros niños de Latinoamérica. La película de Paula Markovitch es dura, a ratos, difícil de asimilar, impregnada de esa tristeza que, aún hoy, llena la mente y el espíritu de millones y millones de personas que vieron cómo las balas disparadas por el demente de turno cercenaban cualquier esperanza de llevar una vida digna y libre.



Esto mismo se le puede aplicar a José Crisanto, un don nadie inmerso en el sinsentido de la Colombia actual, la cual trata de sobrevivir entre paramilitares, milicos, paracas, traficantes, guerrilleros, políticos corruptos y fauna de toda índole. Operación E demuestra, para empezar, lo que me dijo hace tres años en este mismo festival la realizadora colombiana Adela Manotas, que la guerrilla colombiana, la FARC, son monos en la jungla, personas que hace mucho tiempo que olvidaron sus ideales revolucionarios y se han convertido en una fuerza paramilitar, que se financia a base del tráfico de drogas.
Después están los funcionarios gubernamentales, que, como suele ser habitual, no solo no hacen bien su trabajo, sino más bien todo lo contrario. Y luego encontramos a quienes, desde sus flamantes cargos políticos, utilizan cualquier excusa para crear un conflicto internacional, en este caso a costa de un niño pequeño llamado Emmanuel, hijo de Clara Rojas, la misma fiscal colombiana que fuera rehén de los guerrilleros de la  FARC.

Al final, las verdaderas víctimas de todo son los miembros de la familia de José Crisanto, quienes acaban mendigando en las calles de Bogotá, mientras él ve la vida a través de los barrotes de una celda sin saber la razón de su detención.
El trabajo de Luis Tosar en el papel de José Crisanto es, sin duda alguna, uno de los mayores alicientes para sentarse a ver una película tan dura, pero bien resulta como lo es la obra de Miguel Courtois, Operación E.
Lo más triste de todo es que esta kafkiana situación se sigue repitiendo un día tras otro en la mayoría de los países de Latinoamérica, sin que nada, ni nadie ponga solución a este problema, porque no se trata de expedientes, ni de asuntos burocráticos, sino de la vida de las personas que viven allí.



Kafkiana es también la historia que nos cuenta el guionista y director Gabriel Guzmán S. en la película Hecho en China. ¿Cómo resumir las peripecias de un cincuentón obsesivo y casi compulsivo, dueño de un restaurante chino en la ciudad de Tijuana, quien acude a la boda de un antiguo amor con un polizón en el maletero del coche? Pues de la misma disparatada forma que nos cuenta la película; es decir, por medio de las vivencias de Marcos, el dueño del restaurante, y Berto, el polizón, personajes antagónicos a primera vista, pero que tienen muchas más cosas en común de lo que ellos se creen.

Hecho en China no solo es una reflexión sobre el choque generacional, sino sobre la soledad, el desamparo y los problemas de buena parte de la sociedad mejicana, cuya única esperanza es huir hacia la tierra prometida, Estados Unidos, aunque ésta no esté muy por la labor de acogerlos. Además, la película demuestra que todo el mundo tiene derecho a una segunda e, incluso, a una tercera oportunidad, siempre y cuando deje atrás sus temores, sus inseguridades y su miedo al fracaso, algo con lo que hay que aprender a vivir, no huir de ello.



Esto mismo se le puede aplicar a Juan, el protagonista de la película cubana Juan de los muertos. Descacharrante visión de las películas de zombis, esta película, escrita y dirigida por Alejandro Brugués, convierte la pacífica y aplatanada ciudad de La Habana en un dantesco y terrorífico escenario, el cual es arrasado por una horda de zombis hambrientos.

Como no podía ser de otra forma, la idiosincrasia cubana, su picaresca, su estructura social y su forma de entender la vida marcan la pauta de Juan y su grupo de cazadores de zombis, los cuales ayudan a su compatriota a acabar con sus seres queridos, eso sí, por un módico precio. Lo que no estaba en los planes de Juan, acostumbrado a vivir con lo justito y sin molestarse mucho, es que se acabaría convirtiendo no solo en el héroe de la película, sino en un padre responsable, dispuesto a sacrificarse por el bien de su hija.



Quien tampoco estaba preparada para sobrevivir en el competitivo y falso mundo profesional actual era Ángela, una apocada e ingenua chica colombiana, que trabaja en un centro de atención al cliente telefónico en la ciudad de Bogotá, en la película El Call. Este mediometraje de la directora, guionista y productora Giselle Geney es un fresco, muy fresco, de la realidad de los teleoperadores latinoamericanos que trabajan para compañías de cualquier parte del mundo, incluyendo España. Los modos, las maneras, la mala praxis empresarial, las mentiras y las triquiñuelas para no atender a los clientes se ponen de manifiesto en los sensacionales treinta y tres minutos dirigidos por Giselle Geney y magníficamente interpretados por Mónica Chávez, la voluntariosa Ángela, quien descubre que, en este trabajo, lo que no se puede es hacer BIEN las cosas.

Mucho antes que Ángela, quien debió aprender que las cosas son como son y que, para cambiarlas, hay que dejarse la piel en el camino, fue Luiz Inácio da Silva, más conocido como Lula, quien fuera presidente de Brasil.



Lula, filho de Brasil, dirigida por Fábio Barreto, recoge los primeros treinta y cinco años de la vida de un niño nacido en 1945, en los suburbios de Pernambuco, abandonado por su padre y criado por una madre que debía hacer frente a la dura tarea de criar a siete hijos. Lula siempre fue un niño tremendamente inteligente, serio, trabajador y cumplidor, quizás distante, pero amigo de sus amigos, y que, llegado el momento, cambió una vida ciertamente triste tras perder a su mujer y a su hijo recién nacido por la lucha sindical, causa que le llevó a convertirse en un símbolo para la clase obrera de su país. Aún hoy se discute el alcance de los cambios comenzados por Lula y ahora desarrollados por su sucesora, Dilma Rouseff.



Uno de esos cambios que está transformando la sociedad brasileña se cuenta en el documental de Cadu Barcellos y Luciano Vidagal 5 X Pacificação. El documental nos cuenta, con el lenguaje de las favelas y las personas que viven dentro de ellas, los cambios acontecidos en sus vidas y en dicho escenario desde la llegada de las unidades de policía pacificadora, UPP. Son cinco puntos de vista compuestos por los habitantes, la policía, el gobierno, los ex-traficantes que buscan reintegrarse en la sociedad, y quienes ven las favelas desde fuera. Cada punto de vista es igualmente válido, con sus pros y sus contras, y, aunque todos los cambios son lentos, la realidad es que las favelas se están transformando, en muchos casos para bien.
La idea es dar la mejor imagen posible cara al Mundial de Fútbol del año 2014, aunque lo deseable sería que los cambios llegasen para quedarse, algo que solo el tiempo lo dirá.



Dejo para el final una película, Mía, un cuento de hadas imposible entre una transexual que vive de recoger cartones y de prostituirse, una niña que ha perdido a su madre y un marido que ha perdido a su mujer y a punto está de perder el amor de su hija, escrito y dirigido por Javier Van de Couter, la cual en palabras del director del festival, Jaime Potenze, ha supuesto la mayoría de edad del encuentro cinematográfico. Personalmente, creo que el festival no ha hecho otra cosa que crecer en los tres años que llevo asistiendo, aunque sí que es cierto que su nivel de compromiso para con la realidad de Latinoamérica ha crecido de una forma exponencial en esta edición.

Contar con Camila Sosa Villada, la actriz protagonista de Mía nos ha dado la oportunidad de conocer de primera mano la realidad de quienes han sido discriminados por decidir cuál era su sexo real, no el que le vino impuesto por un capricho genético. Puede que en mi caso personal yo viera, desde el principio, a Camila como una mujer y dejara la etiqueta de transexual para quienes tanto disfrutan etiquetándonos a todos, sin ser capaces de discernir quién se esconde tras esa etiqueta.

Otra cosa bien distinta es el caso de Manuel, el padre de Julia, quien, a pesar del bien que le hace la relación de la niña con Ale, el personaje interpretado por Camila Sosa Villada, es incapaz de librarse de los prejuicios y ver a Ale como una persona, no como alguien a medio hacer. De ahí que Mía refleje perfectamente esos problemas de identidad de género que impiden que las personas acepten a los demás tal y como son, dejando a un lado las etiquetas antes comentadas.

A pesar de todo, Mía es una película tremendamente hermosa, triste y amarga, pero impregnada de un lirismo visual, logrado en buena parte por el buen hacer de Camila Sosa, que, aunque me confesó que si ahora volviera a hacer la película cambiaría buena parte de su actuación,  borda el papel de Ale.

Imagino que por la temática de la película y por leer su biografía fue por lo que solicité entrevistar a Camila Sosa Villada, decisión de la que no solo no me arrepiento, sino de la que estoy enormemente satisfecho de haber tomado. Hablar con ella me dio la oportunidad de compartir espacio y tiempo con quien sabe muy bien quién es, quién fue, qué ha vivido y qué le gustaría hacer en los años venideros, sin caer en los artificios tan del gusto de la farándula.

Además, la entrevista con Camila Sosa Villada me demostró que Cinemaissí es un festival que tiene un tempo propio y unas costumbres que raramente se ven en un encuentro cinematográfico, cosa que lo hace personal e intransferible. En otra circunstancia me hubiese molestado que me hubieran interrumpido cinco veces durante la entrevista, pero este festival se ha convertido en un punto de encuentro en donde no vas a trabajar, sino a compartir experiencias y vivencias. Un lugar donde te encuentras con personas que conoces, donde conoces a otras personas, donde tienes la oportunidad de hablar tu idioma en un país que habla otro, y en donde todo el mundo, ya sea el director o un voluntario cualquiera, trata de hacerte la estancia lo más agradable posible, algo que, como están las cosas, vale más que un potosí, expresión que se usaba en los años 40 y 50 del siglo pasado. Por ello, me gustaría creer que el próximo año Cinemaissí celebrará con el mismo espíritu, pero con orgullo, su décimo aniversario, más si se tiene en cuenta el éxito de público y el buen hacer de sus responsables.

Por último, quiero dar las gracias a Sonja y Jaime Potenze, Carlos Marroquín, Sofía Déniz, Lea Pakkanen, Noora Maijala, Hugo Jiménez y Sophie la cordialidad y el trato recibido durante todos y cada uno de los días del festival.   

 Imágenes
© Cinemaissí, 2013
©Fondo para la Producción Cinematográfica de Calidad (FOPROCINE); IZ Films; Kung Works; Mille et Une Productions; NiKo Film; Staron Film, 2013
© A.J.O.Z. Films; Canal Plus; Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales (ICAA); Televisión Española (TVE); Tormenta Films; ZircoZine, 2013
© Canal 22 Televisión Metropolitana; IMAGYX Entertainment; Instituto Mexicano de Cinematografía (IMCINE), 2013
© La Zanfoña Producciones; Producciones de la 5ta Avenida, 2013
© Luiz Carlos Barreto Produções Cinematográficas, 2013
© Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA), 2013





sábado, 12 de octubre de 2013

RESEÑAS INÉDITAS: EL GIGANTE DE HIERRO Y EL CABALLERO DEL DIABLO.

Durante la pasada edición del Gran Canaria Comicfest, me pidieron que escribiera las reseñas de las tres películas que se proyectarían durante el evento, reseñas que luego formarían parte de la información que ofrecería la página web del encuentro. Por una razón u otra, dichas reseñas nunca se llegaron a publicar, y de ahí que haya decidido rescatar dos de ellas, dado que ambas películas son muy recomendables.


Sin más, les dejo con El Gigante de Hierro y El Caballero del Diablo



¿Quién de pequeño no ha querido tener un robot que haga todo lo que uno quisiera? Imagino que habrá opiniones para todos los gustos, pero en el caso de Hogarth Hughes, un independiente y aventurero niño de nueve años, huérfano de padre, encontrarse con un enorme y alucinante robot llegado desde el espacio , va más allá de un sueño hecho realidad.

Claro que no estamos hablando de un robot tamaño R2D2, sino de una enorme mole de acero, la cual no tarda mucho en despertar las sospechas y los recelos de los paranoicos habituales que pululaban en la sociedad estadounidense de los años 50 del pasado siglo XX. De ahí que Hogarth y su nuevo amigo se vean envueltos en una persecución por parte del ejército norteamericano, empeñado en demostrar su poderío nuclear contra una amenaza que solo existe en sus oxidadas cabezas.

Tal y como termina siendo habitual, la megalomanía de quienes disfrutan destruyendo todo aquello que no entienden acaba por cobrarse víctimas, que poco o nada tenían que ver con la histeria desatada.

The Iron Giant, título de la película original, está basada en la novela The Iron Man, escrita en el 1968 por Ted Hughes y pone de relieve muchas de las incongruencias y la paranoia que dominó buena parte del mundo durante varias décadas, especialmente los años 50 y 60 del pasado siglo XX. Además, la película pasa por ser una de las mejores propuestas animadas de cuantas se han estrenado en los últimos quince años, a pesar de que el público general la ignoró de una forma ignominiosa.




A finales de los años ochenta del pasado siglo XX, la cadena de televisión por cable HBO estrenó una serie de televisión basada en las colecciones de terror y suspense de la editorial E.C. bajo el título Tales from the Cript en EE.UU, e Historias de la cripta en España. La serie, bastante fiel al original gráfico, y con una buena dosis de violencia, sexo y humor ácido, se prolongó durante 93 episodios, a lo largo de siete temporadas. Durante ese tiempo, actores de la talla de Daniel Craig, Benicio del Toro, Ewan McGregor, Demi Moore y Martin Sheen, por citar algunos, trabajaron a las órdenes de directores tan conocidos como Richard Donner, Robert Zemeckies, Walter Hill, Tobe Hooper, Tom Hanks o Arnold Schwarzenegger.

En 1995, la serie dio el salto a la gran pantalla con la primera de la que iba a ser una trilogía cinematográfica; es decir, Historias de la cripta: Caballero del diablo. Lamentablemente, esa trilogía nunca se llegó a realizar como estaba previsto en un principio.

Historias de la cripta: Caballero del diablo es, al revés de lo que ocurría en la serie de televisión, una historia que tiene muy poco que ver con las tramas de las series gráficas de la editorial E.C. Aun así, su argumento te engancha desde el principio no solo por el ritmo que le sabe imprimir su director, Ernest Dickerson, sino por lo bien resueltas que están las situaciones por parte de los actores protagonistas.

En cuanto a los protagonistas, éstos son Billy Zane, William Sadler y una joven Jada Pinkett Smith, quien da la réplica a estos dos actores que, también, bordan sus antagónicos papeles, los cuales representan al bien y el mal.

En la película hay demonios y seres poseídos, pesadillas, desmembramientos, sangre por doquier y una clarísima referencia bíblica, excusa argumental sobre la que se sostiene toda la trama y que la sitúa un paso por delante de la fuente original.

Historias de la cripta: Caballero del diablo fue una película que, en su día, pasó muy desapercibida y que merece ser rescatada no solo por el homenaje que brinda a la editorial E.C., la fuente original, sino por ser una producción de género más que recomendable, digna de ser tenida en cuenta.

© Warner Bros. Feature Animation & Warner Bros. Family Entertainment, 2013 
© HBO, 2013

domingo, 6 de octubre de 2013

De camino a Nighst Visions Maximum Halloween 2013: LESSON OF EVIL -AKU NO KYOTEN


¿Cuál es la definición de un monstruo y/ o monstruosidad? La primera definición del Diccionario de la Real Academia es: Producción contra el orden regular de la naturaleza. Otra definición sería Persona muy cruel o perversa. Si nos ceñimos a monstruosidad, una primera  definición sería Desorden grave en la proporción que deben tener las cosas, según lo natural o regular, mientras que una segunda vendría a decir lo siguiente, Suma fealdad o desproporción en lo físico o en lo moral.

Ahora volvamos al mundo real y pensemos qué o quién responde a dichas señas de identidad, ya sean éstos seres reales o inventados por alguna psique desbocada, en medio de una noche de tormenta. Sin pensar mucho, se me vienen a la mente creaciones de pesadilla embutidas en oscuros y pesados ropajes, príncipes sedientos de venganza, y criaturas de la noche en busca de víctimas que desgarrar para calmar su ansia de sangre.

Sin embargo, dicho seres, actualizados con los miedos y las pesadillas de cada nuevo siglo que empieza, no son nada si se los comparara con los verdaderos monstruos que han pululado y aun lo hacen por esta decrépita y esperpéntica caricatura de sociedad humana. Esos monstruos no necesitan asaltarnos mientras dormimos, sino que nos persiguen, torturan y asesinan  mientras tratamos de cerrar, en vano, nuestros ojos para no ver sus caras de psicópatas desbocados frente a nosotros.

Son monstruos que un día nacieron de un padre y una madre, como cualquiera de nosotros, pero que, llegado el momento, dejaron aflorar esa vena perversa y demoniaca que tiene todos ser humano sin necesidad de ser el vástago del señor de los avernos infernales.

Su legado se escribe con la sangre de sus víctimas, en algunos casos, sólo unas pocas, pero muy señaladas, tal y como es el caso de Charles Milles Manson y sus dementes seguidores, quien desgarraron el cuerpo de Sharon Tate y su hijo no nacido. Otros fueron sembrando su demente singladura con los cuerpos de niños, jóvenes y adultos -53 víctimas confirmadas y 56 atribuidas-, durante más de una década, tal y como es el caso de Andrei Chikatilo, el mayor asesino en serie de la historia de la Unión Soviética.



También están los que buscaban pasar a la posteridad y/ o vengarse de quienes les habían agraviado/ vejado y ninguneado, tal y como fue el caso de Eric David Harris y Dylan Bennett Klebold –los adolescentes responsables de la masacre en el instituto Columbine- o Alan Lamza, responsable de asesinar a veinte niños en la escuela elemental Sandy Hook, hace tan sólo unos meses.

Y por último están quienes no se conformaban con matar a una docena, medio centenar o varios centenares, sino que ansiaban el “más difícil todavía” o, lo que es lo mismo, alcanzar el calificativo de genocidas con mayúsculas. Dos ejemplos muy elocuentes de esto último son Rudolf Höss, SS Obersturmbannführer y director del campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau, y Otto Adolf Eichmann, también SS-Obersturmbannführer y uno de los principales ideólogos de la llamada “Solución final para el problema judío” (Endlösung der Judenfrage) quien acuño dicho término para la posteridad.

Ambos, son la prueba viviente de cómo un ser humano puede ser más sádico, depravado, amoral y monstruoso que la suma completa de todos los monstruos creados por el imaginario literario desde que el hombre empezó a escribir sobre una superficie cualquiera.

Y todos juntos o, por lo menos, algunos de sus elementos más sobresalientes conforman la psique y la motivación del último demente asesino -Psycho-killer cinematográfico- en toda la inmensidad de una pantalla grande, Seiji Hasumi, protagonista principal del último delirio visual rodado por Takashi Miike.

Seiji Hasumi es el profesor perfecto en todos los sentidos; es decir, inteligente, ameno, divertido, cercano, atento, educado, cortés y siempre preocupado por sus alumnos y lo que a estos les pudiera suceder. Su celo va más allá de las paredes del centro en el que imparte clases, de ahí que no dudará en interponerse en el camino de quienes traten de abusar de algún modo de cualquiera de sus alumnos, sin detenerse en si dicha persona es un compañero de trabajo y/ o un acomodado residente de la localidad.

Con tales señas de identidad nadie, ni siquiera el más suspicaz, podría llegar a sospechar que tras su perfecta sonrisa y su no menos perfecta apariencia de persona franca y legal se esconde un demente amoral que sufre infringiendo el dolor y el sufrimiento a quienes lo rodean.

Su estela de cadáveres empezó siendo un adolescente, siendo sus padres sus primeras víctimas. Después le tocaría el turno a su compañero norteamericano de universidad, otro ser igualmente depravado y demente que acabaría abrasado ante la extasiada mirada de Hasumi. Más tarde serían los alumnos de otro instituto –suceso tachado de suicidio colectivo de adolescentes- escalón que le sirvió para darse cuenta de que su futuro pasaba por la enseñanza.



Claro está que el tema del suicidio en masa, problema real que ha sacudido a Japón en más de una ocasión, no resultaba tan atractivo como la primera vez y… pensando, pensado, al modélico profesor se le ocurrió la solución: ¿Y si reinvento la masacre de Columbine, pero en un instituto cerrado, de noche y sin posibilidad alguna de escapar y/ o pedir ayuda? Con mi experiencia, aplomo y seguridad, no caería en las carencias y defectos de Eric David Harris y Dylan Bennett Klebold, sino que me asemejaría  más a las tropas de asalto nazis, durante la destrucción y exterminio de los habitantes del Ghetto de Varsovia en 1943.

Con la idea en la cabeza, una melodía que tatarear –the Ballad of Mack the Knife- y una buena provisión de cartuchos de caza para su fusil, sólo era cuestión de tiempo y entrega por parte de Hasumi, todo un maestro en el arte de cazar a sus indefensos estudiantes, lograr que su empresa llegara a un buen puerto.
La sangre, los gritos de terror y el atronador sonido del fusil en un espacio cerrado son gajes del oficio, pensará el entregado profesor, inconvenientes que se remedian con unos buenos tapones, un chubasquero y un paseo por el campo a la luz de estrellas.

¿No me creen?.... Pues esto y algunas cosas más es Lesson of Evil, Aku No Kyôten, vuelta de tuerca nipona sobre la imaginería del asesino en serie, amante de cometer sus crímenes en un espacio público, con víctimas adolescentes y sin ninguna traba moral que se lo impida.

Seiji Hasumi representa a un Adam Lamza adulto, con la amoralidad de un Charles Manson, el encanto de Adolf Eichmann y el sadismo y sed de sangre de Andrei Chiikatilo. Además, como cualquier enajenado mental, Hasumi también tiene sus delirios mitológicos y/ o divinos, y un sentido del humor importado de una serie como Dexter, delirio televisivo protagonizado por otro pyscho-killer como Hasumi.



¿Y el resultado? Otro exceso visual, auditivo, expresivo y demencial, cortesía del director, guionista y agitador profesional japonés que responde al nombre de Takashi Miike.

Lesson of Evil es una película perversa, porque te obliga a ser partícipe de una matanza fría, dura, sádica y descarnada, sin que el espectador pueda hacer nada por impedirlo. Es lo mismo que si te sentaran en una butaca a ver, por la mirilla de las cámaras de gas, como las cápsulas del gas Zyklon B acababan con la vida de quienes llegaban hasta el campo de concentración de  Auschwitz-Birkenau. Sin embargo, esta frialdad, no exenta de un sentido del humor muy, muy negro, surrealista y delirante en algunos momentos, no es óbice para que el director nos muestre su versión de lo que es, en realidad, su definición de la palabra monstruo, en grande y con letras luminosas.

Monstruos que cada poco tiempo deciden aflorar y asolar un centro comercial, un colegio o un supermercado. Monstruos que se esconden detrás de leyes que les permiten llevar fusiles de asalto y granadas anti-carro como si se tratara de caramelos y serpentinas. Monstruos que nuestra sociedad crea y luego suelta, sin reparar en las consecuencias de tales actos.

Seiji Hasumi, al igual que Adolf Eichmann, Rudolf Höss o Andrei Chikatilo no conoce las palabras remordimiento, pena o culpa.  Son seres que no necesitan dichas barreras morales para poder vivir, sino todo lo contrario. El problema viene cuando una sociedad prefiere crear esos monstruos antes que buscar soluciones para prevenirlos y es, entonces, cuando acaba pasando lo que acaba pasando.

Seguro que si pudiéramos hablar con Takashi Miike, éste, después de convencernos que todo aquello que acabábamos de ver era sólo una película, a reglón seguido se nos quedaría mirando y nos diría…  ¿Sabes una cosa? Los monstruos existen y son como tú y como yo, no lo olvides. Y si algún día te encuentras con uno de ellos, sólo tendrás tiempo de gritar y, quizás, de correr unos pasos antes de morir.



Ahora sólo queda saber si todos ustedes serán capaces, cuando la película llegue a nuestro país, durante el próximo festival de cine fantástico de Sitges 2013, de ir a verla. Yo la vi y disfruté en el festival de cine de terror de Helsinki –Night Visions Back to Basics 2013- y no me arrepiento. Aun me resuenan los oídos por los disparos de Hasumi, pero, como todo, se me pasará.

El resto, como es costumbre, corre por cuenta suya…

©Bungeishunju; Dentsu; Nippon Shuppan Hanbai (Nippan) K.K.; OLM; Oriental Light and Magic; Toho Company, 2013
© Asylum Films; Citadel Entertainment; Home Box Office (HBO), 2013