domingo, 29 de septiembre de 2013

R&A 2013: AMOR DISFUNCIONAL Y AMOR, SIN MÁS

Hay amores imperfectos y hay amores sin más adjetivos. 


Un amor imperfecto, disfuncional, y que tiempo atrás dejó de ser válido es el que muestra Kim Ki-Duk en Pietà. Ésta es la historia de un hijo abandonado, privado del cariño materno y, luego, transmutado en un brutal sicario que inflige el temor de los comerciantes de su barrio, cual demoniaco ángel vengador. En el momento en el que todo parece estar bajo control, aparece en la vida de Kang-Do la figura materna tiempo atrás desaparecida, empeñada en redimir los pecados de su hijo a imagen y semejanza de la desgarradora estatua esculpida por Michelangelo Buonarroti. Sobra decir que el ansia materna por recuperar el amor de su hijo tropezará con la cruda realidad de un ser amoral y, prácticamente, desprovisto de empatía para con sus semejantes. Al final, Kim Ki-Duk solamente filmará el irrefrenable deseo de los seres humanos por hacerse daño a si mismos.


Igualmente disfuncional es el amor que se profesan los protagonistas de Mud, película protagonizada por Matthew McConaughey, Reese Witheerspoon, Sam Shepard y el joven Tye Sheridan. Mud es una revisión muy libro del clásico de Mark Twain Huckleberry Finn, donde un joven de catorce años ayuda a un fugitivo de la justicia a salvar su vida y reencontrarse con su amor, causante de que el personaje principal, Mud, esté en busca y captura. El problema es que, mientras Mud es sincero, y está dispuesto a pelear por una relación su pareja pone muy poco de su parte, algo que casi le cuesta la vida a un perdedor como lo es Mud. La extraña justicia poética que, a veces, marca el ritmo de las cosas sí colocará a los protagonistas en el lugar que les corresponde.


¿Y qué decir de For love’s sake (Ai to makoto), de Takashi Miike? Pues que es una reinterpretación de West Side Story, situada, ahora, en un problemático instituto de Tokio, en 1972, mezclado con The Warriors y Class of 1984, eso sí, según la psique de Miike. Tal y como suele ser habitual, la película hay que verla para no solo disfrutarla, sino para asumir la endiablada capacidad del director japonés para reinventar todo aquello que cae en sus manos.


Para no ser menos, el director coreano Park Chan-Wook nos presentó Stoker, protagonizada por Mia Wasikowska, Matthew Goode, Dermot Mulroney y Nicole Kidman. En este casi remake de Alfred Hitchcock de 1943 Shadow of a doubt, una oscura y esquiva joven verá cómo las enseñanzas de su padre, mezcladas con el desapego de su madre, y estimuladas por la llegada de su tío paterno le acaban despertando el instinto de psicópata que su familia paterna ha tratado de mantener oculto. Película dura, a ratos cansina, pero visualmente primorosa, tal y como suele ser habitual en las obras del director coreano, Stoker es lo que parece y también, lo que no.


Más dura, brutal y extrema es Fatal, película surcoreana dirigida por Lee Don-Ku. La historia, protagonizada por un joven llamado Sung-Gong, nos lleva hasta el sentimiento de culpa de quien, diez años atrás, participó en el secuestro y violación de una joven. Contada como si se tratara de un documental sociológico sobre la brutalidad del ser humano, Fatal es una película que confirma lo que, décadas atrás, postuló Joseph Conrad en su celebérrima novela Heart of darkness.


La facilidad del ser humano para acabar siempre dentro de las tinieblas, unas tinieblas que han rodeado de una forma u otra la carrera de uno de los mejores guionistas de la historia del cine, además de ser uno de los grandes directores de su generación, se puede ver reflejada en el documental Milius, dirigido por Joey Figueroa y Zak Knutson. Dedicado a la figura de John Milius y su carrera profesional, desde finales de los años 60, el documental plasma no solo el cambio de guardia entre los directores de los años 40, 50 y principios de los 60, sino también cómo el talento de John Milius se ha visto eclipsado por el personaje que él mismo ha creado de su persona.  El documental sirve, además, para demostrar la ceguera de los ejecutivos de los grandes estudios de cine, la estrechez de mira de los supuestos críticos y la falta de sensibilidad del público hacia producciones que lo único que pretenden es entretener, aunque con John Milius nadie sale indemne de sus historias.


Y frente a todas estas muestras de amor disfuncional hay películas que demuestran que, todavía, hay esperanza para nuestro cacareado y escéptico mundo. Una de ellas es Yeh jawaani hai deewani, película cien por cien Bollywood, y eso no es un hándicap, sino todo lo contrario. Esta historia de amor juvenil y, luego, más maduro mantiene el mismo buen pulso del que siempre ha hecho gala el cine hindú, aunque sin olvidar que estamos en el siglo XXI, que las cosas no son como antes y que, entre baile y baile, se pueden tocar temas muchísimo más serios.


No, de Pablo Larraín Matte, es una muestra de que con valor, coraje, intuición y descaro se puede llegar a acabar con una dictadura nefasta y sanguinaria, tal y como la liderada por el sátrapa Augusto Pinochet en Chile. En No se cuenta la historia de René Saavedra (Gael García Bernal), el director creativo de la campaña del plebiscito que descabalgó al general Pinochet de la jefatura del estado chileno. Las ideas de René Saavedra lograron evitar el pasado e insuflaron un aire de modernidad y optimismo que acabaron por demoler las rancias y caducas pretensiones del régimen dictatorial.


Más simple, entrañable, linda y humana es Wolf Children (Ookami kodomo no Ame to Yuki), del director japonés Mamoru Hosoda. La trama se centra en las dificultades, dudas, alegrías y, en definitiva, la gran aventura que supone la maternidad, visto desde la óptica de una madre con dos niños medio humanos, medio lobos. La mayor virtud de la película es mostrarnos una realidad con unos personajes totalmente reconocibles para cualquiera que haya convivido con niños, pues  Ame y Yuki son pequeñas criaturas, adorables en cualquiera de sus facetas, que se comportan como los niños que son. Temas tan complicados como las dudas que embargan a toda madre acerca del futuro de sus hijos, el hacerse mayor, y las decisiones que tomar para asegurar la supervivencia de los vástagos se plasman de una forma sencilla y, a la vez, bien planteadas, sin que el guion sufra por ello. Wolf Children es una película que todo aquel que se quiera embarcar en la difícil travesía de ser padre debería ver.


Igualmente hermosa, poética y real es Reaching for the Moon, última realización del director brasileño Bruno Barreto. En ella se nos cuenta la relación entre la poetisa norteamericana Elizabeth Bishop, considerada una de las mejores escritoras de la historia, y la no menos brillante arquitecta brasileña Maria Carlota Costallat de Macedo Soares, responsable del Parque do Flamengo, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. La película es un canto a la libertad personal, el amor que no sabe de sexos y al genio creativo de dos mujeres absolutamente excepcionales.


Termino esta visión de la vigésimo sexta edición del festival de cine internacional de Helsinki con unas frases del director finlandés Jan Forsström, responsable de la película Silmäterä, con quien tuve la oportunidad de hablar, en un perfecto castellano, durante los días del festival. Es muy importante querer a las personas que nos rodean, sobre todo cuando se trata de una relación entre una madre y una hija, tal y como sucede en mi película. El problema viene cuando ese amor se convierte en una obsesión y nos hace ver fantasmas donde no los hay. Si esto pasa llegará un momento en que el amor se convierta en pesadilla y no seamos capaces de distinguir la realidad de la ficción.        
Estas frases son el mejor punto y final para un festival cuyo tema central es el amor, tal y como es el caso de Rakkautta & Anarkiaa.

Quisiera agradecer a todos los responsables del festival, especialmente a su jefa de prensa Kira Schroeder, las facilidades dadas para realizar mi trabajo.    

  

© Good Film; Finecut 2013
© Everest Entertainment; Brace Cove Productions; FilmNation Entertainment 2013
© Concept Film; Excellent Film; Kadokawa Pictures; OLM 2013
© Fox Searchlight Pictures; Indian Paintbrush; Scott Free Productions 2013
© Finecut 2013
© Chop Shop Entertainment; Haven Entertainment 2013
© Dharma Productions 2013
© Fabula; Participant Media; Funny Balloons; Canana Films 2013
© Studio Chizu; Mad House; Chukyo TV Broadcasting Company (CTV); D.N. Dream Partners; Dentsu; Digital Frontier; Fukuoka Broadcasting System (FBS); Hiroshima Telecasting (HTV); Kadokawa Shoten Publishing Co.; Miyagi Television Broadcasting; Nippon Television Network Corporation (NTV); Sapporo Television Broadcasting Company, Toho; Video Audio Project (VAP); Yomiuri-TV Enterprise 2013
© LC Barreto Productions; Imagem Filmes; Globo Filmes; Globosat / Telecine; Teleimage 2013
© Jan Forsström 2013

jueves, 26 de septiembre de 2013

R&A 2013. HABLEMOS DE AMOR Y DE ANARQUÍA CINEMATOGRÁFICAS

El amor humano es anárquico, impulsivo, demencial e irracional. No hay forma de medirlo, ni cuantificarlo, ni tan siquiera controlarlo por mucho que nuestra pisque lo intente, una y otra vez.

Y, si el amor es anárquico, nuestra vida también acabará por contagiarse de esa misma anarquía, la cual nos arrastrará hasta el extremo opuesto al de aquellos que sólo viven por y para seguir unas normas impuestas por su propia incapacidad para evolucionar. Son personas que, si se cruzaran con Barfi, no cesarían en su empeño por querer cambiar el “anárquico” y “peligroso” comportamiento del joven.


Barfi -un joven hindú sordomudo, imbuido del espíritu del genial Buster Keaton, con algunas gotas de la gestualidad de Charles Chaplin- es el personaje principal de la sensacional película del mismo título, dirigida y escrita por el director, guionista, actor y productor Anurag Basu, una película que resume todo el espíritu que motiva a los organizadores del festival internacional de cine de la ciudad de Helsinki, Rakkautta & Anarkiaa, Amor y Anarquía.

Interpretado por el joven actor Ranbir Kapoor, una de las nuevas estrellas del cine de Bollywood, Barfi es contestatario, rebelde, anárquico, apasionado y capaz de hacer cualquier cosa con tal de lograr lo que se ha propuesto. Su empeño por conquistar el corazón de la bella y ciertamente inaccesible Shruti, una joven con una vida organizada de antemano por sus padres, pondrá a prueba todas la dotes de improvisación e inventiva –el amor no sólo es anárquico, sino creativo- del “tataranieto” del Buster Keaton hindú.

Lo que no estaba en los planes de Barfi es que su padre enfermase, y que, para salvarlo, tiene que reunir una gran cantidad de dinero. Para ello, Barfi idea una cantidad de planes, dignos de una película de Roberto Begnini, que, como se puede comprobar, a cada cual es más desastroso. Él le echa ánimo, pero las cosas no salen como él quiere. Por ello, y ante la imperiosa necesidad de recaudar el dinero recurre a un secuestro…
El secuestro, según Barfi, implica sacar a una amiga de su casa y llevársela a la suya. La cosa se complica, dado que su amiga, Jhilmil Chatterjee, es una rica heredera y, a la vez, una joven autista, a quien solo su abuelo, y Barfi, entienden.  De aquel encuentro, motivado por la necesidad y disfrazado de torpe y feliniano intento de secuestro nacerá, luego, una relación que marcará la vida de Barfi y de aquellos que le rodean, por y para siempre.


Y, ¿qué decir de la contestaría Beatrice y el no menos rebelde Benedict, quintaesencia del soltero inmovilista e incapaz de ceder un milímetros de sus monolíticas convicciones? Ambos son, sobre el papel, la antítesis de lo que debería ser una pareja; es decir, obstinados, respondones, radicales, extremos y anárquicos. Nunca dan su brazo a torcer y su miedo a cualquier compromiso los sitúa en las antípodas del entendimiento.
Sin embargo, todos esos mismos defectos los hacen merecedores, no sólo del empeño de quienes les rodean por emparejarlos, especialmente Don Pedro, Leonardo y Claudio, sino que casi les obligan a entenderse porque, si no ¿quién más lo hará?

Luego están los dimes y diretes que rodean la platónica e inocente relación entre Hero, hija de Leonardo y Claudio, emponzoñada, ésta, por el bastardo Don John y sus secuaces, amén de la anarquía misma que rodea las relaciones entre los seres humanos, por muy honestas que éstas puedan llegar a ser.
Una vez que la noche deje pasar al sol de la mañana, y Dogberry y Verges acudan a dar cuenta de su labor, la verdad y el amor ocultarán la anarquía que invadió y poseyó los corazones de quienes olvidaron que hay que preguntar antes de juzgar, y que los celos son la peor de las enseñanzas, por no decir la única enseñanza a la que NUNCA se le debe hacer caso.

William Shakespeare escribió Much Ado About Nothing entre 1598 y 1599 y es, para muchos, la mejor comedia del genial escritor británico. Ahora, cuatro siglos después, el director y guionista Joss Whedon traslada la trama de esta historia atemporal hasta nuestros días, en blanco y negro y con buena parte de los actores con los que habitualmente trabaja. 
Su puesta en escena, en medio de una mansión cualquiera de los Estados Unidos de América, con personajes vestidos como cualquiera de nosotros, pero recitando un texto escrito en el siglo XVI, demuestra la intemporalidad, genialidad y brillantez del trabajo de William Shakespeare. Poco importa que Don Pedro luzca un traje de chaqueta y no el atuendo propio de un príncipe de antaño, aunque ahora los príncipes vistan de esa guisa.
Y poco importa que ahora los soldados lleven sus armas debajo del hombro y no en el cinturón y que los padres de las novias no monten recios corceles, sino vayan en suntuosas limusinas. Las pasiones humanas son las mismas que antes, al igual que los ya mencionados celos y la incapacidad para encontrar la felicidad.  

Esa misma incapacidad para ser feliz es la que rodea la vida de Elena, una joven brasileña que, como tantas otras jóvenes, decidió probar suerte en la “Gran Manzana” y poner todo de su parte, con tal de llegar a ser la actriz que siempre había querido ser. Al igual que ocurre en cualquier historia de estas características, la pasión, la entrega y la anarquía que rodea toda aventura de esta índole dejará paso a la cruda y dura realidad, cargada de soledad, desesperación y tristeza, elementos que, por sí solos, acabaron por firmar la sentencia de muerte de la joven, con apenas veinte años de vida sobre el planeta.

Dos décadas después, su hermana, Petra Costa –impulsora de todo el proyecto-, le escribe a Elena, en forma documental, una carta visual de sus recuerdos, sus vivencias y aquellos sentimientos que la rodearon, antes y después de su muerte. Elena es algo más que un documental sobre el sentimiento de pérdida que ha acompañado la vida de una hermana pequeña que nunca ha dejado de añorar a su hermana mayor. Es un instante en la vida de una persona que podrán entender personas de cualquier lugar del mundo, sin importar qué barreras nos separen, dada la enorme sinceridad con la que está contada.


Una sinceridad que también embarga la vida de Sarah Polley, actriz canadiense que, con su película Stories we tell, nos cuenta cómo fue la vida de sus padres, antes y después de nacer ella. La labor de introspección a la que somete la joven actriz y directora a su padre, Michael Polley, y al resto de su familia y amigos nos llevarán hasta una época en la que la vida funcionaba de otra forma y en la que los secretos eran moneda de cambio entre muchas parejas que debían vivir tiempo separadas, por una u otra razón. La virtud de Sarah Polley es la de no tomar partido, sino dejar que cada uno de los protagonistas cuente su historia, tal y como sucedió, aunque ello le suponga describir una realidad tiempo atrás silenciada.

Stories we tell es como Il Futuro, película de la directora Alicia Scherson, en la que una joven recuerda aquellas cosas que hizo cuando era tan sólo una adolescente, obligada a crecer, de maneras abrupta, sin tiempo para poder asimilarlo.
Bianca deberá aceptar el compromiso de cuidar de su hermano, Tomás, mantener a flote su casa y encontrar su lugar en el mundo, en este mundo tan global e impersonal, que premia a los corruptos y castiga a quienes desean hacer las cosas según las reglas establecidas.


En medio de su búsqueda, Bianca seducirá por encargo a un veterano actor de péplum, ciego y apartado del mundo, con tal de sacar una buena recompensa de todo aquello. Lo que ninguno de los dos protagonistas podía pensar, sobre todo Maciste –muy bien interpretado por un igualmente veterano Rutger Hauer- es que aquel encuentro le haría cambiar buena parte de la percepción que ambos tenían de sus vidas, tanto para bien como para mal. Si para Bianca, el actor asumirá el papel del padre fallecido, además de amante y confidente, para quien un día fuera Mister Universo y la imagen heroica de un musculoso galán del cine, vencedor de mil batallas, Bianca es un rescoldo de esperanza y humanidad en medio de una existencia vacía y sin motivaciones.

Ambos son huérfanos, cada uno a su modo, de igual forma que lo es Miele, una joven que se gana “la vida” ayudando a los demás a morir de forma digna, en la película Miele. Irene -el personaje interpretado por Jasmine Trinca, en la primera película dirigida y escrita por Valeria Golino- está empeñada en lograr que, quienes no tienen esperanza en este mundo, encuentren un modo de abandonarlo de manera digna. Es más, sus clientes son todos enfermos terminales. La cosa se complica cuando Miele, su nombre de ángel de la muerte, se cruce con el cínico y derrotado arquitecto Carlo Grimaldi, interpretado por Carlo Cecchi, cansado de vivir entre las mismas mentiras de siempre y que, por extraño que pueda parecer, le devuelve el interés por vivir a una Irene que parece, en algunos momentos, tan terminal, como sus propios clientes.


Quizás si Miele, se hubiera encontrado con la tienda del señor Mishima, en la película The Suicide Shop, la joven hubiese decidido acabar con su vida, más si se tiene en cuenta la precisa, jovial y profesional verborrea del vendedor, capaz de convencerte de cuál cuerda uno debe elegir si se quiere ahorcar como es debido.
Luego están sus depresivos hijos, Marilyn y Vincent –en memoria de la bella y atormentada Marilyn Monroe y el no menos depresivo Van Gogh- y su aplicada y comerciante esposa. Y es que, la familia que ayuda a los demás a dejar este oscuro y triste mundo, seguro que permanece siempre unida y… Y eso, unida, porque la palabra felicidad NO se puede utilizar en presencia del señor Mishima.


El caso es que ya se sabe que siempre hay una manzana de la discordia, aquella que encharca las situaciones y nos devuelve a la cruda realidad, por luminosa y estridente que ésta pueda llegar a ser. Y si no que se lo digan a Alan, el niño que pondrá a todos patas arriba, sin remisión de causa, ni derecho a reclamar. ¡Vaya desastre! ¡La tienda número uno en asesorar a quien se quiera suicidar, transformada en…! ¿Dónde iremos a parar cuando estemos depres..?

Pregúntenselo al director, guionista y perpetrador de esta ácida y lúcida crítica animada, colocada como reflejo de la realidad actual, y eso que no aparece ninguna entidad bancaria por los alrededores que si no, verían lo que es bueno.

Y de tiendas especializadas en suicidios a empresas especializadas en viajes al pasado, espacios temáticos y lugares que deberían recordar, por ejemplo, las novelas de Jane Austen y no un folletín del siglo XIX, en la película Austenland.


Austenland era el sueño que siempre soñó Jane Hayes, un lugar en el que poder ser un personaje de una novela de su admirada Jane Austen y en primera persona. Dicho y hecho. Vestida como una dama de aquella época, en medio de una mansión inglesa de aquellos días y con personas que hablaban y se comportaban de la misma forma, la protagonista se dará cuenta de cuán equivocada estaba. Y es que, cuando lo que antes era maravilloso, ahora, es un horror, chabacano, irreal y falso.

¿Decepción en vez de amor? ¿Anarquía sin posibilidad de redención?... Todo lo contrario. Jane es una mujer del siglo XXI y, a buen seguro que Jane Austen se hubiese sentido orgullosa por cómo supo manejar toda la situación, por imposible que esto pudiera parecer, tal y como nos cuenta Jerusha Hess, directora de esta película.

¿Qué más?


Todavía queda festival y más cosas que contar. En breve seguiré con mi relato, anárquico y disparatado, pero no exento de cierta coherencia, como toda buena historia, del festival internacional de cine de la ciudad de Helsinki, Rakkautta & Anarkiaa, Amor y Anarquía.  


© UTV Motion Pictures, 2013
© Bellwether Pictures, 2013
© Eye on Films, 2013
© Movimento Film; Jirafa; Pandora Films; La Ventura; Astronauta Films; Jaleo Films, 2013
© Buena Onda; Les Films des Tournelles, 2013
© ARP Sélection; Caramel Film; Diabolo Films; Entre Chien et Loup; Kaibou Productions; La Petite Reine, 2013
© Fickle Fish Films; Moxie Pictures, 2013
  

martes, 24 de septiembre de 2013

R&A 2013: 30 MINUTOS CON CLARA SEGURA


Hay días en lo que, además de ver una película lúcida, uno tiene la oportunidad de conocer a una actriz igualmente lúcida. Días en los que las virtudes y las miserias de quienes viven en tu país salen a la luz, sin que nada ni nadie pueda ocultarlas.  Días en los que, como antaño le ocurriera al padre de Mafalda, uno entiende por qué el país no avanza y/ o sale de la recesión/ crisis/ desastre económico en el que estamos ahora mismo inmersos.

Un arma en cada mano, película escrita y dirigida por Cesc Gay, es una dura, precisa y casi quirúrgica radiografía de una generación de hombres españoles que han visto cómo sus vidas han adquirido una deriva que no figuraba en sus planes. Bien es cierto que hay circunstancias e imponderables que, raramente, se pueden superar –tal y como le sucede al personaje interpretado por el actor argentino Ricardo Darín- pero, en el caso del resto, están estancados y en crisis merced a su incapacidad por evolucionar hasta un estado superior en su devenir vital.

Son, como muy bien definió la actriz Clara Segura, “niños grandes, incapaces de crecer y afrontar sus responsabilidades, por muy provechosas que éstas puedan llegar a ser para su misma existencia”. Ya se sabe que los hombres nos resistimos a madurar y nos empeñamos en ser, siempre que se pueda, hermanos mellizos de Peter Pan. Sin embargo, lo que le ocurre a los hombres que protagonizan esta película es culpa suya y son sólo ellos quienes deben hacer algo por solucionarlo.

Esto mismo se puede aplicar, palabra por la palabra, al personaje interpretado por Javier Cámara, el exmarido de Clara Segura –Elena- en la película. Su actitud, falta de compromiso y mala cabeza sólo merece que “le cuelguen de la pared, como un cuadro cualquiera, en vez de sentir ninguna pena por él. Visto su comportamiento, su hijo es mucho más maduro  que lo podrá ser en esta vida y en la siguiente”, en palabras de las propia actriz. 

Esto  mismo se puede aplicar al personaje interpretado por Eduardo Noriega, un padre primerizo, casado, pero incapaz de disfrutar de lo que tiene en casa y tentado por tener sexo ocasional con una compañera de trabajo con la que, apenas, ha cruzado dos palabras en los cinco años en los que ambos comparten lugar de trabajo. Su personaje es tópico, quizás demasiado, pero no por ello menos real y fácil de encontrar. “Puede que lo parezca, tópico, quiero decir, pero yo conozco colegas que se comportarían de la misma forma que lo hace Eduardo (Noriega) en la pantalla. Están casados, luego tienen un hijo y terminan por perder el interés, sin tan siquiera hacer nada por mejorar su situación”.

Son estas mismas respuestas las que explican, por sí solas, las frases con la que empieza esta columna, las cuales son una muestra inequívoca de la lucidez y coherencia personal de Clara Segura, la cual gana una barbaridad cuando tienes la oportunidad de tenerla frente a frente. Forjada en los escenarios, en especial los más clásicos –dando la réplica a personajes tales como Antígona o Electra- su carrera cinematográfica supone una estación de paso en medio de su pasión, nada disimulada, por el teatro.

Su personaje, Elena, la primera mujer que aparece retratada en la película junto a su expareja,  es real, cercano, directo y casi tan coherente como lo es la actriz en su vida personal.  Tampoco quiero decir que sea una mujer sin corazón ni nada por el estilo, pero sus sentimientos ni nublan su sentido, ni son incapaces de ver las torpezas de su anterior pareja por recuperar algo que él mismo se encargó de arruinar.  El gesto de recordarle a su ex marido que se lleve las cajas que aún le quedan en casa “casi lo empuja a que se las lleve, de una vez”, son su forma de cerrar una relación de la que ya poco queda y que él se niega a aceptar.

“Tanto él como el resto de los hombres que aparecen en la película son hombres medio burgueses y acomodados, que nunca han tenido que asumir demasiados riegos, pero que un día se dieron cuenta de que las cosas no les venían tan de cara como ellos pensaban. Llegado el momento, se acobardaron y se vieron impotentes para tomar una decisión que les hiciera cambiar, para bien o para mal”.

“Su comportamiento es una metáfora de nuestro país, en el que aún hoy, sus ciudadanos, se niegan a cambiar un sistema de producción y trabajo que hace incompatible la vida profesional y personal. Con los horarios actuales sigue siendo imposible conciliar la vida familiar, porque cuando uno llega a casa, los niños ya están durmiendo. Los hombres de la película de Cesc (Gay) son iguales, cuando se dieron cuenta, sus vidas habían cambiado y sólo sus mujeres lo sabían”. 

“Ellas son las que han ido manteniendo la situación, tal y como es el caso de María (Leonor Watling), quien recurre a la Psicomagia del escritor Alejandro Jodorowsky para solucionar un problema que poco tiene que ver con la magia y mucho con la psique del varón español a uso, al cual se le ha educado no para vivir en el universo, sino para ser el centro de él”.

Admito que hacía mucho tiempo que 30 minutos de entrevista con una actriz, muy bien controlados por la jefe de prensa del Festival Internacional de cine de Helsinki -R&A- Kira Schroeder, no me aportaban tanto como profesional y como persona, ayudándome a ver, con mayor y mejor perspectiva, una película tan válida y bien narrada como Un arma en cada mano, además de poder conocer el trabajo y la personalidad de una de sus actrices principales.

Me imagino que, en el extremo contrario, habrá quien no considere igual de válido y lúcido el guión de Cesc Gay, sobre todo porque a nadie le gusta que le digan las cosas en la cara, y más si éstas son verdad.  No obstante, la historia nos ha demostrado que con ocultar la cabeza debajo del ala, tirar de fanatismo ideológico o la mayoría absoluta los problemas no se solucionar, sino todo lo contrario.

Bien estaría que las nuevas generaciones de varones olvidaran repetir las taras de quienes ya no cumplimos los cuarenta y se decidieran a ser ciudadanos del siglo XXI, sin tener que llevar “un arma en cada mano”, tal y como le dice Candela Peña (Mamen) al anodino personaje interpretado por Eduardo Noriega en la pantalla.

© Dani Codina, 2013





ESPOO CINE 2013: PARA ELISA


¿Qué sucede si se reúnen los siguientes elementos? Una vieja y recargada mansión, situada en la parte más antigua de una pequeña capital de provincia española y habitada, ésta,  por una “madre” y una “hija” un tanto particular.  Después están todos los juguetes que en ella se encuentran, algunos de porcelana, ganchillo y polvo, junto a otros de carne, piel y sangre humana. Y, por último, una contestataria estudiante universitaria, acostumbrada a salirse con la suya de una forma u otra, sin importarle demasiado lo que sucede a su alrededor… 

Al unir todos elementos sucede que, cuando la estudiante acude a una solicitud para cuidar niños, abrirá la esclusa de una historia, Para Elisa, película que, sin cortarse lo más mínimo, revuelve todos los tópicos del cine de género.

En la película de Janra Fernández, también autor del guión, hay madres e hijas psicópatas, dignas herederas de Blanche y “Baby” Jane Hudson; mansiones que recuerdan a la casa habitada por Norman Bates; juguetes de carne y hueso, similares a los creados por el profesor  Henry Jarrod; y una heroína que, sin necesidad de chillar –en el siglo XXI las víctimas, luego trasmutadas en supervivientes, ya no necesitan gritar como en el siglo pasado- acaba por saber cómo sobrevivir, aunque sea a costa de profanar un símbolo sagrado y consagrado.

No puede faltar el “novio” díscolo e insensible, que, a medida que va pasando el exacto metraje de la película –otra de las virtudes en el trabajo de Janra Fernández- cambia de actitud y se toma las cosas un poco más en serio, algo que no podrán decir los agentes de policía que aparecen retratados en el guión, más pendientes de los resultados futboleros que de lo que sucede en su aparente pacífica localidad.

Llegado el momento, cada cual se las apañará como pueda en medio de una de esas pesadillas que nadie querría vivir, pero que, tal y como está el mundo, puede suceder en cualquier parte. Ya se sabe que hay más locos sueltos que amarrados.

Para Elisa es un ejercicio de estilo muy bien hecho, sin pretensiones, ni vanos intentos de contar “la historia definitiva de género”. Su director y guionista recoge en los 74 precisos minutos de metraje todos aquellos tópicos que son de su agrado y los traslada a nuestra geografía, apoyado en una buena interpretación, sobria puesta en escena y mucho desparpajo, que todo hay que decirlo.

Al final, uno sabe que todo esto ya lo ha visto, pero no por ello se siente que ha perdido el tiempo, sino todo lo contrario. Es más, Para Elisa demuestra que, aunque tarde, se está pudiendo hacer cine de género, respetando las claves y la idiosincrasia propias de nuestro país sin necesidad de adornarlas más.
Si tienen una hora libre, acudan a una sala de cine y no se sentirán nada defraudados.


© Produccions del Primer Cinquena, 2013. 

martes, 17 de septiembre de 2013

ESPOO CINÉ 2013: OMBLINE Y SILMÄTERÄ


Una de las señas de identidad del festival de cine Espoo Ciné es su gusto por presentar películas que tienen como tema principal la maternidad. Por lo general, dicho enfoque suele estar ligado a lo que una madre puede llegar a hacer, o no, para proteger a su hijo.  En todos estos años, han sido varios los ejemplos –el pasado año, sin ir más lejos, películas tales como L´enfant d´en haut, Varasto o Tähtitaivas Talon Yllä- fueron un buen ejemplo de todo esto.

En la edición del presente año 2013, dos fueron las películas que más énfasis demostraron a la hora de plasmar la férrea relación que se establece entre una madre y su hijo, sin importar lo hostil que el escenario pudiera llegar a ser.

Ombline plantea el doble drama de ser madre y serlo en un ambiente tan asfixiante y viciado como lo es el interior de una cárcel. Su protagonista principal Ombline Morin (Mélanie Thierry) deberá aprender TODO lo que significa ser madre en el peor escenario posible y sometida a los atropellos de las otras reclusas, las guardianas, y un sistema que, lejos de reformar, perpetúa los defectos de quienes un día abandonaron la senda de la legalidad y, para desgracia suya, no pudieron esconderse tras el abultado bolsillo de un familiar, una empresa, o una determinada sigla ideológica.

Ombline está sola, en el sentido más absoluto de la palabra, y salvo por el contacto con otras reclusas inmersas en su misma situación deberá afrontar un reto que a punto está de erosionar su ya de por si mermada confianza en el resto de la raza humana. Al igual que luego le sucederá a Marja, la protagonista de Silmäterä -la segunda película también protagonizada por una madre desesperada- Ombline no dudará en hacer cualquier cosa para asegurar el bienestar de su hijo, Lucas.

Llegado el momento y ante la imposibilidad de poder lograr encontrar quien pudiera sacar a pasear a su hijo fuera de aquellas frías y desconchadas paredes, Ombline aceptará que un matrimonio ya jubilado, pero de buena posición y amantes de los niños, se haga cargo de su hijo, rompiendo un lazo mucho mayor de lo que la misma Ombline pudiera llegar a pensar.

En este punto, la vida de Ombline y la de Marja se separan bastante, dado que la joven madre finlandesa protagonista de Silmäterä -primera película del guionista y escritor Jan Forsström- es una madre soltera que trabaja de noche, repartiendo las montañas de publicidad gráfica que, aun hoy en día, se distribuyen a lo largo y ancho de este país.



Marja (Emmi Parviainen) y su hija, Julia, (Luna Leinonen Botero) viven de manera sencilla, un tanto asilada, pero se tienen la una a la otra. Julia no sabe quién es su padre biológico, pero lo cierto es que nunca lo ha echado demasiado en falta, sobre todo por los cuidados y la atención dispensada por su madre.

La situación cambia cuando, un día, hace acto de presencia, Kamaran (Mazdak Nassir), un emigrante de origen musulmán, quien, tras ver a Julia, entiende que aquella niña es su hija, fruto de la relación pasada que mantuvo con Marja. Tras la negación inicial, Kamaran no cesará en su empeño de formar parte de la vida de Julia, mientras que Marja irá exteriorizando todos sus miedos y demonios interiores hasta que su percepción de la realidad quede seriamente alterada. Ni siquiera el contacto con Karin, su dispuesta y comprensiva vecina, lograrán espantar la desazón y la pérdida del contacto con la realidad, que, tal y como le sucede a los literarios personajes de Joseph Conrad, acabará por vivir en un estado de ensoñación que le llevará a la destrucción de su vida, tal y como la conocía.

No se puede decir que Silmäterä sea una película que denuncia la intolerancia de un raza frente a otra, o del conjunto de los ciudadanos de un país frente a quienes vienen de fuera, pero sí que demuestra que muchos de los cambios que sacuden a nuestra sociedad llegan de manera tan brusca que no permiten que las personas tengan tiempo de asimilarlos.

Es cierto que Kamaran se extralimita al querer formar parte de la vida de Julia, tras seis años de ausencia, en parte impuesta por la negativa de Marja a contarle nada, luego de quedarse embarazada. Sin embargo, no es menos cierto que Marja, tras reencontrarse con Kamaran, es incapaz de darle una oportunidad al padre de la niña, por mucho que éste se empeñe en demostrarle su talante conciliador y el hecho de que él ahora es un padre de familia, casado con una ciudadana finlandesa y con un hijo a su cargo.   

Al final, de la misma forma que Ombline debe olvidar sus arranques de furia y su actitud pendenciera, si es que quiere lograr reencontrarse con su hijo, Marja será incapaz de ver otra cosa que una amenaza constante y grotesca, la cual la llevará a tener que renunciar a quien había prometido defender, a costa de su misma vida.
Las dos películas, tanto Ombline, escrita y dirigida por Stéphane Cazes, como Silmäterä demuestran que, para una madre, no importa el escenario, ni el país, ni la adversidad. Lo único que importa es la vida, la seguridad y el bienestar de un hijo, una realidad que sobrepasa cualquier otro precepto, humano y/ o divino, y una razón que justifica los modos y maneras de actual de Ombline y Marja, a lo largo de ambos largometrajes.

Ambos están rodados como si se tratara de documentales, destilando un realismo que puede llegar a ser duro y agobiante de soportar por el espectador, pero que está ampliamente justificado, en ambos casos, dado el tema que se desarrolla. De igual forma, la actuación de Mélanie Thierry y Emmi Parviainen es realmente convincente, dramática y contenida en las dosis justas, aunque, la segunda, tenga espacio para desarrollar, además, esa zona oscura y delirante en la que caerá su personaje, llegado el momento.

La única pega que encuentro es que dudo que ninguna de las dos películas logré hacerse un hueco en la pantallas de cine de nuestro país –y tengo mis dudas de que alguna compañía española las llegue a editar en DVD/ Blue-ray- razón por la cual, acabarán por ser poco más que reseñas en nuestro país, a pesar de su tremenda calidad y la rabiosa actualidad de las dos historias.  

© Arsam International, Dibona Films, Entre Chien et Loup & Belgacom, 2013

© Making Movies Oy & Atlantic Film, 2013 

domingo, 15 de septiembre de 2013

ESPOO CINÉ 2013: LOS ÚLTIMOS DÍAS


De acuerdo con la etimología de la propia palabra, la agorafobia está relacionada con el temor intenso a los espacios abiertos o públicos en los que puedan presentarse aglomeraciones. La palabra procede de los términos griegos "ágora" (plaza) y "phobos" (miedo).

No obstante, la agorafobia es un trastorno de ansiedad que consiste en el miedo a los lugares donde no se puede recibir ayuda, por temor a sufrir una crisis de pánico. Dicho ataque de pánico o crisis de ansiedad consiste en un cuadro clínico caracterizado por el aumento de la frecuencia y presión sanguínea, la respiración agitada, sudores, sensación de ahogo, mareo, temblores por todo el cuerpo y despersonalización.

Tras la primera crisis y para evitar que todo se vuelva a repetir, el agorafóbico deja de frecuentar el lugar donde se desarrolló la primera crisis, dado que existe un miedo a que esa situación se vuelva una constante. Con el tiempo, y si no se busca una solución al problema, es posible que la persona comience a generalizar su miedo a otras situaciones cotidianas, algo que irá limitando su vida hasta reducirla a lo que el agorafóbico denomina “lo sagrado”, un lugar donde su ansiedad disminuye rápidamente o, incluso, desaparece.

Normalmente, y como ocurriera en la edad media con el derecho de asilo en suelo sagrado -derecho que invocaban los perseguidos por causas judiciales o ideológicas- “lo sagrado” para un agorafóbico suele ser su casa, territorio conocido y en donde las únicas reglas que imperan son las que marca el inquilino.

Ahora, trasladen este trastorno a toda la ciudadanía, sin importar el lugar, la raza, su situación sociopolítica o su estatus social, y tendremos el escenario para una película como Los últimos días, la última e inquietante realización de los hermanos Pastor, Alex y David.

Los últimos días se desarrolla en Barcelona, una de las grandes urbes de nuestro país, aunque el escenario es lo de menos, dado que lo realmente importante son las personas con las que conviviremos a lo largo de los 102 minutos que dura la cinta. Estas personas serán, principalmente, Alec, su novia, Julia, y Enrique.

Alec es un joven programador informático, quien trata de sobrellevar un hecho que puede truncar buena parte de sus inquietudes profesionales; es decir, una restructuración de personal encabezada por Enrique, la persona encargada de reflotar una empresa que empieza a sentir los efectos de la crisis.

Por otro lado está la relación con Julia, su pareja, la cual busca un mayor compromiso afectivo con Alec, aunque éste no está mucho por la labor. Sin tiempo para poder solucionar nada, y con todo por decir, sus vidas cambiaran radicalmente al ser “contagiados” por una epidemia que les obligará a permanecer encerrados en un determinado lugar, ante el pánico a enfrentarse al mundo exterior.

Llegado el momento y tras tres meses de confinamiento en el edificio en el que trabajaban Alec y el despiadado Enrique, los dos antagonistas deberán unir sus fuerzas en su empeño por lograr reencontrarse con sus seres queridos, si es que aún permanecen vivos.

En su camino, Alec y Enrique se toparán con la degeneración ética y moral que sale a flote una vez que la pátina de sociabilidad deja paso a los más bajos instintos del ser humano y les llegará el momento de luchar por su supervivencia, sin mirar atrás.

Tal y como es lógico pensar, los primeros momentos serán los peores, sobre todo porque, sobre el papel, ninguno de los dos hombres tiene nada en común salvo su empeño por reunirse con quienes debieron dejar atrás, víctimas de un miedo que les atenaza los músculos hasta oprimirles el corazón.

Luego, y con la mente un poco más clara, Alec y Enrique firmarán una paz de mínimos y ambos aceptarán que, si quieren sobrevivir, no les quedará más remedio que luchar juntos, no cada uno por su lado. Además, Enrique irá asumiendo el papel de custodio de un imberbe Alec, mucho menos despiadado y decidido que el veterano director de recursos humanos, nexo que terminará por redimirlos a los dos aunque de diferente manera.

El final, aquel en el que cada uno encuentra lo que busca, sólo será un paréntesis en medio de su epopeya, dado que su tiempo ya ha pasado y serán las nuevas generaciones quienes deban encontrar la solución al problema, no ellos, causa más o menos indirecta de todo aquello.

Puede que sea este afán por no dejar cabos sueltos lo que propicie que una película tan notable como lo es Los últimos días, -capaz de mantenerte pegado al sillón, aun cuando las situaciones sean de sobra conocidas por quienes disfrutamos con este tipo de propuestas- haya sido el blanco de críticas tan exaltadas como desmedidas. Su realización, puesta en escena e interpretación de sus actores principales, especialmente José Coronado -quien da la réplica al personaje de Enrique- está a la altura de otros productos de la misma factura llegados desde el mundo anglosajón o asiático, mucho mejor considerados. 

Por añadidura, el trasladar una película de esta temática a nuestras fronteras, algo que no solía pasar hasta este siglo XXI, le da una cotidianeidad y cercanía –sobre todo, para quienes hemos vivido en dicha ciudad- que ya se echaba en falta en el cine de género nacional, tan necesitado de apoyos en vez de voceros en su contra. 

Luego están los recursos propios de películas en las que no sólo se juega con el tiempo y los elementos, sino contra los propios miedos, el verdadero enemigo a batir, y no el resto de los individuos que ya han olvidado lo que significa la palabra “sociedad”. Ese afán por superar los miedos y no dejarse vencer por ellos será el motor que llevará a los dos personajes principales a jugarse el todo por el todo, sin importarles el precio a pagar, algo que en aquel escenario suena más lógico que dejarse abandonar como el vecino de Alec, quien se rindió mucho antes de que lo hiciera él mismo.

Con Los últimos días, los hermanos Pastor demuestran que son un tándem de referencia al hablar del cine de género nacional. Además, no son novatos, pues ya Carriers, su primer largo tras haber escrito y dirigido tres cortos, se presentó a principios de la primera década del presente siglo XXI.

Así mismo, Quin Gutierrez, Marta Etura, Leticia Dolera y José Coronado demuestran que los actores españoles también saben trabajar en producciones de estas características, aunque, la mayor y mejor sorpresa sea ver a José Coronado en un papel muy alejado de los que nos tiene acostumbrados, y que demuestra la razón por la que se ha convertido en uno de los mejores y más versátiles actores de su generación.

Por todo ello, Los últimos días es una película tremendamente recomendable, intensa, dramática y que no te deja descansar mucho rato, tal y como se le pide a una cinta de estas características. Su premisa es de sobra conocida, pero el desencadenante es novedoso y con visos de convertirse en realidad, tal y como están al cosas. Además, está pensada para cualquier tipo de público aunque si te gusta el fantástico, disfrutarás más.

El resto, corre de su cuenta, una vez que se apaguen las luces de la sala.  

© Morena Films/ Rebelion Terrestre/ A3 Media Cine/ Les Films du Lendemain/ Televisió de Catalunya/  (TV3)/ Media, 2013

ESPOO CINÉ 2013: THALE


Cada país tiene una mitología y un imaginario propios. Esto es así, no importa el país, la geografía o la mentalidad, aunque, dependiendo de un lugar u otro, los personajes que pululan por dicha mitología tienden más hacia la luz o hacia la oscuridad, hacia el bien o hacia el mal.

Los países nórdicos responden a las premisas anteriormente señaladas tanto en el desarrollo de una vasta y compleja mitología, como en la posterior plasmación de dicho entramado ideológico-religioso en las páginas de multitud de libros, murales, criptas y templos. No obstante, sus mitos y leyendas están marcados por una geografía y un clima que condiciona, enormemente, el desarrollo de una historia o el devenir de sus personajes. En estas latitudes, por ejemplo, el invierno no es una estación, sino un personaje más de cualquier peripecia vital en la que se vean envueltos seres humanos o divinos.

De igual forma, los bosque guardan de manera fiel y celosa, embutidos en las entrañas de sus verdes y tupidos corazones, mil y un secretos, muchos de los cuales han permanecidos ocultos a la inconveniente mirada de unos seres humanos que, tiempo atrás, olvidaron respetar a las deidades de la naturaleza.

Uno de esos secretos que ha sido celosamente guardado tiene que ver con una raza de seres mágicos, de aspecto homínido, llamados de manera genérica Huldra y, dependiendo del lugar, skogsfru (en la mitología noruega); Tallemaja (en la mitología sueca); o  Ulda (dentro de la mitología del pueblo Sami)

Los integrantes de dicha raza, seres que no necesitan del habla para transmitir sus pensamientos, viven escondidos en las profundidades de los bosques, poseen rasgos animales tales como una cola y pezuñas en lugar de pies, pero su aspecto se asemeja bastante al de un ser humano, razón por la cual las hembras podían llegar a seducir a los seres humanos que se encontraban en su camino, especialmente a quienes terminaban perdidos en medio de uno de aquellos infinitos bosques de antaño.

Otra cosa bien distinta es lo que le ocurre a Thale, una Huldra o skogsfru capturada en los bosques de Noruega por una suerte de investigador que trató de convertirla en una niña normal y corriente, hasta el punto de mutilar la seña de identidad primordial en su raza, su cola. Thale vivió toda su vida recluida en una habitación situada bajo tierra y sólo logró ver la luz del día, tiempo atrás arrebatada por los delirios investigadores de quien la privó de buena parte de su existencia, tras la muerte de su captor. 

Este punto es lo que hace a Thale una película de género un tanto atípica, dado que el espectador lo que realmente conoce es el cautiverio, forzado, al que se vio sometida Thale siendo tan sólo una niña, cautiverio que poco tiene que ver con el saber científico y más con la demencia de una persona por cambiar la verdadera naturaleza de un ser vivo. Por momentos, uno llega a olvidar que Thale no es, en realidad, un ser humano.

Con la aparición en escena de Leo y Elvis, dos operarios de limpieza especializados en dejar impoluto el escenario de un crimen, la vida de Thale cambiará de manera drástica, manteniendo un contacto con otros seres humanos tan sorprendente para ella como para sus dos descubridores.

Es cierto que, antes de lograr su propósito final, unos misteriosos y esquivos hombres de blanco harán acto de presencia, apuntalando uno de los grandes tópicos del cine de género que tiene como protagonista a una criatura extraña y desconocida, sea de nuestro mundo o del espacio exterior. Sin embargo, su presencia será más bien testimonial tanto por la fortaleza de Thale, como por la de otros miembros de su raza, dispuestos a evitar que los seres humanos metamos la nariz donde nadie nos ha invitado previamente.

La mayor virtud de Thale, como película de género, es saber centrarse en cada uno de los personajes principales, pintarnos una situación que mezcla realidad y fantasía en las dosis justas, y no prolongar las situaciones hasta la extenuación, un mal que está aquejando a muchas realizaciones cinematográficas en estos últimos años.

Además, la belleza plástica de la película, muy bien rodada y montada, así como el halo de misterio y fragilidad que desprende Silje Reinåmo, la actriz noruega que interpreta a la mitológica criatura, son alicientes más que suficientes para rescatar esta película, la cual pasará desapercibida en las estanterías de los pocos videoclub que aún sobreviven en nuestras latitudes.


Thale no pretende engañar a nadie, sino contar un cuento de “hadas” donde no hay príncipes, ni princesas, ni hadas, sino una raza de seres mágicos, unos humanos muy malos –por lo menos, algunos de ellos- y otros que sólo quieren hacer lo correcto.  Y por todo ello, merece ser tenida en cuenta por quienes disfrutamos con este tipo de propuestas, más minoritarias pero igualmente válidas. 

© Film Fund FUZZ/ Yesbox Productions, 2013

ESPOO CINÉ 2013: BIZANTIUM


Desde los tiempos en los que Abraham "Bram" Stoker, publicara su novela Drácula -a finales de la Inglaterra victoriana e imperial- el mito del vampiro ha estado intrínsecamente ligado a la figura de un ser enjuto, atormentado, sádico y sanguinario, amén de varón y distinguido. Tal y como en otras tantas facetas de la vida contemporánea, la mujer siempre ha tenido un papel secundario en el devenir de los NO-muertos, salvo en contadas ocasiones, muchas de las cuales han llegado acompañadas del nuevo siglo en el que vivimos.

Sin embargo, no hay una regla que diga que los vampiros deben ser, mayoritariamente, masculinos, por más que la novela de Stoker se basara en la figura del no menos atormentado y excesivo Conde Drácula, piedra angular sobre la que se sustenta el mito del vampirismo moderno.

Por dicha razón, la visión que plantea Bizantium, película dirigida por el Neil Jordan –el mismo que dirigiera Interview with the Vampire: The Vampire Chronicles, hace ya dos décadas- y según un guión de Moira Buffini es doblemente atractiva.

En primer lugar, Bizantium es una película protagonizada por mujeres, en este caso, Clara y Eleanor, una madre y una hija que deben sobrevivir en un mundo que les es hostil tanto por su necesidad de beber sangre humana, como por la osadía de la primera, quien desafió los dictados de la raza vampírica. Una circunstancia como ésta coloca a Bizantium en medio de las tiranteces propias que surgen entre una adolescente que vive atormentada por su condición de vampira y una madre que disfruta tanto y como puede de esa misma circunstancia.

Son dos caras de una misma moneda, aunque Eleanor recuerde, por su devenir existencial, al Angelus de la serie Buffy Cazavampiros; es decir, un vampiro condenado a sufrir la eternidad de su existencia de NO-muerto con su alma mortal intacta. En esto, Bizantium está llena de imágenes oníricas que nos muestran cómo la vida de una huérfana cambio el día en el que su madre biológica la sacó de una vida de soledad y la llevó hasta una estancia esculpida en una roca, lugar en el que dejaría atrás su existencia mortal. Estas imágenes que se intercalan con el presente, son pequeños  retazos, al igual que son las páginas que Eleanor escribe de forma impenitente y que luego rompe sin tan siquiera dar tiempo a la tinta para que se seque. Son páginas en las que cuenta el drama de su vida, su forma de sobrevivir y cómo su maldición se ha convertido en el reposo de quienes ya sólo desean abandonar este mundo en paz y sin tener que depender de una máquina para que les mantenga con vida. 

Tal y como en cualquier existencia, por muy larga que ésta sea, Eleanor descubrirá que el futuro de las personas no siempre está escrito, por lo menos de la forma en la que nosotros pensamos, y mucho menos cuando se nos cruza en nuestro camino aquella persona que logra ver nuestra misma esencia sin tan siquiera pestañear. Frank será “ésa” persona que se cruce en su camino, y quien recomponga las maltrechas piezas que forman Eleanor, merced a la fragilidad y al empeño del joven por ayudarla, sin tan siquiera reparar en el sacrificio que su entrega le pueda llegar a ocasionar.    

Llegado el momento, el empeño de Frank por ayudar a Eleanor los colocará a todos en una encrucijada de difícil solución, más si se tiene en cuenta que hay fuerzas milenarias que no están dispuestas a dejar que nadie desafíe lo que tiempo atrás fue escrito y enterrado.

Al final, Eleanor tomará una decisión que la emparenta con su madre no sólo por el arrojo que dicha decisión esconde, sino por el desafío ante un estatus establecido, tan personal como existencial, el cual le abrirá la puerta hacia una esperanza que creía perdida.

Bizantium es una película hermosa, poética y tremendamente bella en su factura e interpretación. No pretende cambiar demasiado, pero sí dar otro punto de vista, impregnado de una melancolía que acaba por hacernos cerrar los ojos y escuchar el relato de una joven que no eligió ser lo que es, pero que tampoco se quiere dejar vencer por quien ahora es.

El resto, corre de su cuenta, una vez que se apaguen las luces de la sala.

 © Demarest Films/ Lipsync Productions/ Number 9 Films/ Parallel Film Productions y WestEnd Films, 2013


miércoles, 11 de septiembre de 2013

ESPOO CINE 2013: COMRADE KIM GOES FLYING


Si les digo que les voy a hablar de una película que trata sobre una chica que quiere ser trapecista y acróbata, en un mundo como el actual, en el que el circo está en franca decadencia -salvo contadas ocasiones- me temo que no se sentirán muy atraído por el tema.

No obstante, si les digo que toda la historia, una suerte de cuento de hadas contemporáneo, se desarrolla en uno de los países más cerrados y autárquicos del planeta; es decir, en La República Popular Democrática de Corea (RPDC), territorio cerrado a cualquier influencia que no sea la que llega desde la, ya no tan hermética, república Popular China el escenario cambia radicalmente.

Pues sí. Por extraño que pueda parecer, la película Comrade Kim Goes Flying se desarrolla, íntegramente, en la República Popular Democrática de Corea, sobre todo en la ciudad de Pyongyang, capital del país y centro neurálgico de la actividad económica y social del estado norcoreano.

La película es una coproducción entre Corea del Norte, Bélgica y el Reino Unido, con tres directores de cada uno de los países integrantes y tres productores, igualmente, de cada uno de los países que han logrado que este proyecto vea la luz. En este punto es interesante recalcar que dos de los productores son mujeres, Anja Daelmans –también directora- y Ryom Mi Hwa, hija de uno de los realizadores más importantes de la desconocida industria cinematográfica norcoreana, que debuta como productora después de trabajar en otras áreas de la industria.

Este punto es fundamental para entender cómo Comrade Kim Goes Flying logró pasar de ser una idea emborronada en una hoja de papel, tras una noche impregnada de buen whisky –palabras textuales de la directora y productora Anja Daelmans durante la presentación de la película en el festival de cine de Espoo- a convertirse en un cuento de hadas protagonizado por una mujer, quien vive inmersa en un mundo donde los roles están dictaminados por el partido gobernante y no por el sexo.  

Y es que la República Popular Democrática de Corea, fundada por Kim Il-sung, el eterno Gran Líder del país, está gobernada por la Asamblea Popular Suprema del Partido de los Trabajadores Coreanos, encargada de asignar las tareas que cada ciudadano del país deberá desarrollar a lo largo de su vida. Lo que pasa es que la camarada Kim Yong Mi, una disciplinada y entusiasta trabajadora, minera, como su padre, siempre ha tenido los pies un poco levantados del suelo. De niña, su madre le dijo que ella llegaría a volar y ese sueño, a pesar de trabajar enterrada en las entrañas de la tierra, siempre le ha acompañado, sobre todo tras la muerte de su madre.

Por ello, cuando le llega un cambio de destino, el cual le obliga a dejar su casa y mudarse hasta la capital, Pyongyang, la camarada Kim ve la oportunidad no sólo de cumplir con sus obligaciones, sino de apostar por su sueño más anhelado; es decir, convertirse en una trapecista y acróbata famosa.

Claro que los comienzos no son nada fáciles y menos cuando una chica del interior se aventura en la gran ciudad, donde todo está lejos y donde hay reglas para casi todo. Para colmo de males, su encuentro con Park Jang Phil, un arrogante pero excelente trapecista, convencido de la imposibilidad de ver a la camarada Kim como su nueva compañera de trapecio, a punto está de acabar con su sueño más deseado.

No obstante, y eso es lo bueno de los cuentos de hadas, los buenos siempre tienen una hada madrina, o un hado padrino, en este caso –el jefe de la camarada Kim- dispuesto a demostrarle a su protegida que la esperanza es lo último que se debe perder, y menos en un país como la República Popular Democrática de Corea, donde, con trabajo duro y dedicación, se puede lograr cualquier cosa.

Una vez aceptado el reto de ser una trabajadora modelo y una alumna aplicada, la vida de la camarada Kim vivirá un desafío tras otro, antes de ver cumplido su sueño de la infancia.

Y hasta aquí les contaré de una película que, aun siguiendo los cauces normales de una historia de estas características nos ofrece la posibilidad de ver, aunque solo sea a través del objetivo de la cámara de sus directores, la realidad de un país del que muy poco se sabe.

En cuanto al trabajo de los dos actores principales Han Jong Sim –la camarada Kim- y Pak Chung Guk –el engreído trapecista- destacar que ninguno de los dos son actores profesionales, sino acróbatas y trapecistas en aquel remoto país. Quizás por eso la película es doblemente refrescante, porque sus protagonistas, en cierta medida, hacen de ellos mismos, y eso que están al lado de algunos de los más reputados actores de Corea del Norte, tal y como nos confesó la directora belga Anja Daelemans durante la presentación en el Festival de Cine de Espoo.

La conclusión de todo esto es que, lo que no ha conseguido el mundo globalizado y comunicado –conocer la realidad de la República Popular Democrática de Corea- sí lo ha logrado una pequeña película. Su nombre, Comrade Kim goes flying. Si tienen la oportunidad de verla en algún festival, tal y como tuve yo, no la dejen escapar. Y si no, esperen hasta el próximo año, pues será posible conseguirla en DVD.

© Another Dimension of an Idea, Korea Film Export and Import & Koryo Group, 2013 

lunes, 9 de septiembre de 2013

¡Hola, mundo!

¡Hola, mundo! Y ¡Hola, a todos los que les gusta el cine, sin importar su lugar de procedencia, idioma, género o intérpretes!

Las etiquetas, los radicalismos y los sectarismos NO forman parte de este blog y no lo harán nunca. Y quien lo busque aquí, mejor que desconecte el ordenador, porque se equivoca de medio y de lugar.

El resto, en la próxima entrada, que será la primera.

Eduardo Serradilla Sanchis