domingo, 15 de septiembre de 2013

ESPOO CINÉ 2013: LOS ÚLTIMOS DÍAS


De acuerdo con la etimología de la propia palabra, la agorafobia está relacionada con el temor intenso a los espacios abiertos o públicos en los que puedan presentarse aglomeraciones. La palabra procede de los términos griegos "ágora" (plaza) y "phobos" (miedo).

No obstante, la agorafobia es un trastorno de ansiedad que consiste en el miedo a los lugares donde no se puede recibir ayuda, por temor a sufrir una crisis de pánico. Dicho ataque de pánico o crisis de ansiedad consiste en un cuadro clínico caracterizado por el aumento de la frecuencia y presión sanguínea, la respiración agitada, sudores, sensación de ahogo, mareo, temblores por todo el cuerpo y despersonalización.

Tras la primera crisis y para evitar que todo se vuelva a repetir, el agorafóbico deja de frecuentar el lugar donde se desarrolló la primera crisis, dado que existe un miedo a que esa situación se vuelva una constante. Con el tiempo, y si no se busca una solución al problema, es posible que la persona comience a generalizar su miedo a otras situaciones cotidianas, algo que irá limitando su vida hasta reducirla a lo que el agorafóbico denomina “lo sagrado”, un lugar donde su ansiedad disminuye rápidamente o, incluso, desaparece.

Normalmente, y como ocurriera en la edad media con el derecho de asilo en suelo sagrado -derecho que invocaban los perseguidos por causas judiciales o ideológicas- “lo sagrado” para un agorafóbico suele ser su casa, territorio conocido y en donde las únicas reglas que imperan son las que marca el inquilino.

Ahora, trasladen este trastorno a toda la ciudadanía, sin importar el lugar, la raza, su situación sociopolítica o su estatus social, y tendremos el escenario para una película como Los últimos días, la última e inquietante realización de los hermanos Pastor, Alex y David.

Los últimos días se desarrolla en Barcelona, una de las grandes urbes de nuestro país, aunque el escenario es lo de menos, dado que lo realmente importante son las personas con las que conviviremos a lo largo de los 102 minutos que dura la cinta. Estas personas serán, principalmente, Alec, su novia, Julia, y Enrique.

Alec es un joven programador informático, quien trata de sobrellevar un hecho que puede truncar buena parte de sus inquietudes profesionales; es decir, una restructuración de personal encabezada por Enrique, la persona encargada de reflotar una empresa que empieza a sentir los efectos de la crisis.

Por otro lado está la relación con Julia, su pareja, la cual busca un mayor compromiso afectivo con Alec, aunque éste no está mucho por la labor. Sin tiempo para poder solucionar nada, y con todo por decir, sus vidas cambiaran radicalmente al ser “contagiados” por una epidemia que les obligará a permanecer encerrados en un determinado lugar, ante el pánico a enfrentarse al mundo exterior.

Llegado el momento y tras tres meses de confinamiento en el edificio en el que trabajaban Alec y el despiadado Enrique, los dos antagonistas deberán unir sus fuerzas en su empeño por lograr reencontrarse con sus seres queridos, si es que aún permanecen vivos.

En su camino, Alec y Enrique se toparán con la degeneración ética y moral que sale a flote una vez que la pátina de sociabilidad deja paso a los más bajos instintos del ser humano y les llegará el momento de luchar por su supervivencia, sin mirar atrás.

Tal y como es lógico pensar, los primeros momentos serán los peores, sobre todo porque, sobre el papel, ninguno de los dos hombres tiene nada en común salvo su empeño por reunirse con quienes debieron dejar atrás, víctimas de un miedo que les atenaza los músculos hasta oprimirles el corazón.

Luego, y con la mente un poco más clara, Alec y Enrique firmarán una paz de mínimos y ambos aceptarán que, si quieren sobrevivir, no les quedará más remedio que luchar juntos, no cada uno por su lado. Además, Enrique irá asumiendo el papel de custodio de un imberbe Alec, mucho menos despiadado y decidido que el veterano director de recursos humanos, nexo que terminará por redimirlos a los dos aunque de diferente manera.

El final, aquel en el que cada uno encuentra lo que busca, sólo será un paréntesis en medio de su epopeya, dado que su tiempo ya ha pasado y serán las nuevas generaciones quienes deban encontrar la solución al problema, no ellos, causa más o menos indirecta de todo aquello.

Puede que sea este afán por no dejar cabos sueltos lo que propicie que una película tan notable como lo es Los últimos días, -capaz de mantenerte pegado al sillón, aun cuando las situaciones sean de sobra conocidas por quienes disfrutamos con este tipo de propuestas- haya sido el blanco de críticas tan exaltadas como desmedidas. Su realización, puesta en escena e interpretación de sus actores principales, especialmente José Coronado -quien da la réplica al personaje de Enrique- está a la altura de otros productos de la misma factura llegados desde el mundo anglosajón o asiático, mucho mejor considerados. 

Por añadidura, el trasladar una película de esta temática a nuestras fronteras, algo que no solía pasar hasta este siglo XXI, le da una cotidianeidad y cercanía –sobre todo, para quienes hemos vivido en dicha ciudad- que ya se echaba en falta en el cine de género nacional, tan necesitado de apoyos en vez de voceros en su contra. 

Luego están los recursos propios de películas en las que no sólo se juega con el tiempo y los elementos, sino contra los propios miedos, el verdadero enemigo a batir, y no el resto de los individuos que ya han olvidado lo que significa la palabra “sociedad”. Ese afán por superar los miedos y no dejarse vencer por ellos será el motor que llevará a los dos personajes principales a jugarse el todo por el todo, sin importarles el precio a pagar, algo que en aquel escenario suena más lógico que dejarse abandonar como el vecino de Alec, quien se rindió mucho antes de que lo hiciera él mismo.

Con Los últimos días, los hermanos Pastor demuestran que son un tándem de referencia al hablar del cine de género nacional. Además, no son novatos, pues ya Carriers, su primer largo tras haber escrito y dirigido tres cortos, se presentó a principios de la primera década del presente siglo XXI.

Así mismo, Quin Gutierrez, Marta Etura, Leticia Dolera y José Coronado demuestran que los actores españoles también saben trabajar en producciones de estas características, aunque, la mayor y mejor sorpresa sea ver a José Coronado en un papel muy alejado de los que nos tiene acostumbrados, y que demuestra la razón por la que se ha convertido en uno de los mejores y más versátiles actores de su generación.

Por todo ello, Los últimos días es una película tremendamente recomendable, intensa, dramática y que no te deja descansar mucho rato, tal y como se le pide a una cinta de estas características. Su premisa es de sobra conocida, pero el desencadenante es novedoso y con visos de convertirse en realidad, tal y como están al cosas. Además, está pensada para cualquier tipo de público aunque si te gusta el fantástico, disfrutarás más.

El resto, corre de su cuenta, una vez que se apaguen las luces de la sala.  

© Morena Films/ Rebelion Terrestre/ A3 Media Cine/ Les Films du Lendemain/ Televisió de Catalunya/  (TV3)/ Media, 2013

No hay comentarios: