domingo, 15 de septiembre de 2013

ESPOO CINÉ 2013: THALE


Cada país tiene una mitología y un imaginario propios. Esto es así, no importa el país, la geografía o la mentalidad, aunque, dependiendo de un lugar u otro, los personajes que pululan por dicha mitología tienden más hacia la luz o hacia la oscuridad, hacia el bien o hacia el mal.

Los países nórdicos responden a las premisas anteriormente señaladas tanto en el desarrollo de una vasta y compleja mitología, como en la posterior plasmación de dicho entramado ideológico-religioso en las páginas de multitud de libros, murales, criptas y templos. No obstante, sus mitos y leyendas están marcados por una geografía y un clima que condiciona, enormemente, el desarrollo de una historia o el devenir de sus personajes. En estas latitudes, por ejemplo, el invierno no es una estación, sino un personaje más de cualquier peripecia vital en la que se vean envueltos seres humanos o divinos.

De igual forma, los bosque guardan de manera fiel y celosa, embutidos en las entrañas de sus verdes y tupidos corazones, mil y un secretos, muchos de los cuales han permanecidos ocultos a la inconveniente mirada de unos seres humanos que, tiempo atrás, olvidaron respetar a las deidades de la naturaleza.

Uno de esos secretos que ha sido celosamente guardado tiene que ver con una raza de seres mágicos, de aspecto homínido, llamados de manera genérica Huldra y, dependiendo del lugar, skogsfru (en la mitología noruega); Tallemaja (en la mitología sueca); o  Ulda (dentro de la mitología del pueblo Sami)

Los integrantes de dicha raza, seres que no necesitan del habla para transmitir sus pensamientos, viven escondidos en las profundidades de los bosques, poseen rasgos animales tales como una cola y pezuñas en lugar de pies, pero su aspecto se asemeja bastante al de un ser humano, razón por la cual las hembras podían llegar a seducir a los seres humanos que se encontraban en su camino, especialmente a quienes terminaban perdidos en medio de uno de aquellos infinitos bosques de antaño.

Otra cosa bien distinta es lo que le ocurre a Thale, una Huldra o skogsfru capturada en los bosques de Noruega por una suerte de investigador que trató de convertirla en una niña normal y corriente, hasta el punto de mutilar la seña de identidad primordial en su raza, su cola. Thale vivió toda su vida recluida en una habitación situada bajo tierra y sólo logró ver la luz del día, tiempo atrás arrebatada por los delirios investigadores de quien la privó de buena parte de su existencia, tras la muerte de su captor. 

Este punto es lo que hace a Thale una película de género un tanto atípica, dado que el espectador lo que realmente conoce es el cautiverio, forzado, al que se vio sometida Thale siendo tan sólo una niña, cautiverio que poco tiene que ver con el saber científico y más con la demencia de una persona por cambiar la verdadera naturaleza de un ser vivo. Por momentos, uno llega a olvidar que Thale no es, en realidad, un ser humano.

Con la aparición en escena de Leo y Elvis, dos operarios de limpieza especializados en dejar impoluto el escenario de un crimen, la vida de Thale cambiará de manera drástica, manteniendo un contacto con otros seres humanos tan sorprendente para ella como para sus dos descubridores.

Es cierto que, antes de lograr su propósito final, unos misteriosos y esquivos hombres de blanco harán acto de presencia, apuntalando uno de los grandes tópicos del cine de género que tiene como protagonista a una criatura extraña y desconocida, sea de nuestro mundo o del espacio exterior. Sin embargo, su presencia será más bien testimonial tanto por la fortaleza de Thale, como por la de otros miembros de su raza, dispuestos a evitar que los seres humanos metamos la nariz donde nadie nos ha invitado previamente.

La mayor virtud de Thale, como película de género, es saber centrarse en cada uno de los personajes principales, pintarnos una situación que mezcla realidad y fantasía en las dosis justas, y no prolongar las situaciones hasta la extenuación, un mal que está aquejando a muchas realizaciones cinematográficas en estos últimos años.

Además, la belleza plástica de la película, muy bien rodada y montada, así como el halo de misterio y fragilidad que desprende Silje Reinåmo, la actriz noruega que interpreta a la mitológica criatura, son alicientes más que suficientes para rescatar esta película, la cual pasará desapercibida en las estanterías de los pocos videoclub que aún sobreviven en nuestras latitudes.


Thale no pretende engañar a nadie, sino contar un cuento de “hadas” donde no hay príncipes, ni princesas, ni hadas, sino una raza de seres mágicos, unos humanos muy malos –por lo menos, algunos de ellos- y otros que sólo quieren hacer lo correcto.  Y por todo ello, merece ser tenida en cuenta por quienes disfrutamos con este tipo de propuestas, más minoritarias pero igualmente válidas. 

© Film Fund FUZZ/ Yesbox Productions, 2013

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