martes, 24 de septiembre de 2013

R&A 2013: 30 MINUTOS CON CLARA SEGURA


Hay días en lo que, además de ver una película lúcida, uno tiene la oportunidad de conocer a una actriz igualmente lúcida. Días en los que las virtudes y las miserias de quienes viven en tu país salen a la luz, sin que nada ni nadie pueda ocultarlas.  Días en los que, como antaño le ocurriera al padre de Mafalda, uno entiende por qué el país no avanza y/ o sale de la recesión/ crisis/ desastre económico en el que estamos ahora mismo inmersos.

Un arma en cada mano, película escrita y dirigida por Cesc Gay, es una dura, precisa y casi quirúrgica radiografía de una generación de hombres españoles que han visto cómo sus vidas han adquirido una deriva que no figuraba en sus planes. Bien es cierto que hay circunstancias e imponderables que, raramente, se pueden superar –tal y como le sucede al personaje interpretado por el actor argentino Ricardo Darín- pero, en el caso del resto, están estancados y en crisis merced a su incapacidad por evolucionar hasta un estado superior en su devenir vital.

Son, como muy bien definió la actriz Clara Segura, “niños grandes, incapaces de crecer y afrontar sus responsabilidades, por muy provechosas que éstas puedan llegar a ser para su misma existencia”. Ya se sabe que los hombres nos resistimos a madurar y nos empeñamos en ser, siempre que se pueda, hermanos mellizos de Peter Pan. Sin embargo, lo que le ocurre a los hombres que protagonizan esta película es culpa suya y son sólo ellos quienes deben hacer algo por solucionarlo.

Esto mismo se puede aplicar, palabra por la palabra, al personaje interpretado por Javier Cámara, el exmarido de Clara Segura –Elena- en la película. Su actitud, falta de compromiso y mala cabeza sólo merece que “le cuelguen de la pared, como un cuadro cualquiera, en vez de sentir ninguna pena por él. Visto su comportamiento, su hijo es mucho más maduro  que lo podrá ser en esta vida y en la siguiente”, en palabras de las propia actriz. 

Esto  mismo se puede aplicar al personaje interpretado por Eduardo Noriega, un padre primerizo, casado, pero incapaz de disfrutar de lo que tiene en casa y tentado por tener sexo ocasional con una compañera de trabajo con la que, apenas, ha cruzado dos palabras en los cinco años en los que ambos comparten lugar de trabajo. Su personaje es tópico, quizás demasiado, pero no por ello menos real y fácil de encontrar. “Puede que lo parezca, tópico, quiero decir, pero yo conozco colegas que se comportarían de la misma forma que lo hace Eduardo (Noriega) en la pantalla. Están casados, luego tienen un hijo y terminan por perder el interés, sin tan siquiera hacer nada por mejorar su situación”.

Son estas mismas respuestas las que explican, por sí solas, las frases con la que empieza esta columna, las cuales son una muestra inequívoca de la lucidez y coherencia personal de Clara Segura, la cual gana una barbaridad cuando tienes la oportunidad de tenerla frente a frente. Forjada en los escenarios, en especial los más clásicos –dando la réplica a personajes tales como Antígona o Electra- su carrera cinematográfica supone una estación de paso en medio de su pasión, nada disimulada, por el teatro.

Su personaje, Elena, la primera mujer que aparece retratada en la película junto a su expareja,  es real, cercano, directo y casi tan coherente como lo es la actriz en su vida personal.  Tampoco quiero decir que sea una mujer sin corazón ni nada por el estilo, pero sus sentimientos ni nublan su sentido, ni son incapaces de ver las torpezas de su anterior pareja por recuperar algo que él mismo se encargó de arruinar.  El gesto de recordarle a su ex marido que se lleve las cajas que aún le quedan en casa “casi lo empuja a que se las lleve, de una vez”, son su forma de cerrar una relación de la que ya poco queda y que él se niega a aceptar.

“Tanto él como el resto de los hombres que aparecen en la película son hombres medio burgueses y acomodados, que nunca han tenido que asumir demasiados riegos, pero que un día se dieron cuenta de que las cosas no les venían tan de cara como ellos pensaban. Llegado el momento, se acobardaron y se vieron impotentes para tomar una decisión que les hiciera cambiar, para bien o para mal”.

“Su comportamiento es una metáfora de nuestro país, en el que aún hoy, sus ciudadanos, se niegan a cambiar un sistema de producción y trabajo que hace incompatible la vida profesional y personal. Con los horarios actuales sigue siendo imposible conciliar la vida familiar, porque cuando uno llega a casa, los niños ya están durmiendo. Los hombres de la película de Cesc (Gay) son iguales, cuando se dieron cuenta, sus vidas habían cambiado y sólo sus mujeres lo sabían”. 

“Ellas son las que han ido manteniendo la situación, tal y como es el caso de María (Leonor Watling), quien recurre a la Psicomagia del escritor Alejandro Jodorowsky para solucionar un problema que poco tiene que ver con la magia y mucho con la psique del varón español a uso, al cual se le ha educado no para vivir en el universo, sino para ser el centro de él”.

Admito que hacía mucho tiempo que 30 minutos de entrevista con una actriz, muy bien controlados por la jefe de prensa del Festival Internacional de cine de Helsinki -R&A- Kira Schroeder, no me aportaban tanto como profesional y como persona, ayudándome a ver, con mayor y mejor perspectiva, una película tan válida y bien narrada como Un arma en cada mano, además de poder conocer el trabajo y la personalidad de una de sus actrices principales.

Me imagino que, en el extremo contrario, habrá quien no considere igual de válido y lúcido el guión de Cesc Gay, sobre todo porque a nadie le gusta que le digan las cosas en la cara, y más si éstas son verdad.  No obstante, la historia nos ha demostrado que con ocultar la cabeza debajo del ala, tirar de fanatismo ideológico o la mayoría absoluta los problemas no se solucionar, sino todo lo contrario.

Bien estaría que las nuevas generaciones de varones olvidaran repetir las taras de quienes ya no cumplimos los cuarenta y se decidieran a ser ciudadanos del siglo XXI, sin tener que llevar “un arma en cada mano”, tal y como le dice Candela Peña (Mamen) al anodino personaje interpretado por Eduardo Noriega en la pantalla.

© Dani Codina, 2013





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