domingo, 6 de octubre de 2013

De camino a Nighst Visions Maximum Halloween 2013: LESSON OF EVIL -AKU NO KYOTEN


¿Cuál es la definición de un monstruo y/ o monstruosidad? La primera definición del Diccionario de la Real Academia es: Producción contra el orden regular de la naturaleza. Otra definición sería Persona muy cruel o perversa. Si nos ceñimos a monstruosidad, una primera  definición sería Desorden grave en la proporción que deben tener las cosas, según lo natural o regular, mientras que una segunda vendría a decir lo siguiente, Suma fealdad o desproporción en lo físico o en lo moral.

Ahora volvamos al mundo real y pensemos qué o quién responde a dichas señas de identidad, ya sean éstos seres reales o inventados por alguna psique desbocada, en medio de una noche de tormenta. Sin pensar mucho, se me vienen a la mente creaciones de pesadilla embutidas en oscuros y pesados ropajes, príncipes sedientos de venganza, y criaturas de la noche en busca de víctimas que desgarrar para calmar su ansia de sangre.

Sin embargo, dicho seres, actualizados con los miedos y las pesadillas de cada nuevo siglo que empieza, no son nada si se los comparara con los verdaderos monstruos que han pululado y aun lo hacen por esta decrépita y esperpéntica caricatura de sociedad humana. Esos monstruos no necesitan asaltarnos mientras dormimos, sino que nos persiguen, torturan y asesinan  mientras tratamos de cerrar, en vano, nuestros ojos para no ver sus caras de psicópatas desbocados frente a nosotros.

Son monstruos que un día nacieron de un padre y una madre, como cualquiera de nosotros, pero que, llegado el momento, dejaron aflorar esa vena perversa y demoniaca que tiene todos ser humano sin necesidad de ser el vástago del señor de los avernos infernales.

Su legado se escribe con la sangre de sus víctimas, en algunos casos, sólo unas pocas, pero muy señaladas, tal y como es el caso de Charles Milles Manson y sus dementes seguidores, quien desgarraron el cuerpo de Sharon Tate y su hijo no nacido. Otros fueron sembrando su demente singladura con los cuerpos de niños, jóvenes y adultos -53 víctimas confirmadas y 56 atribuidas-, durante más de una década, tal y como es el caso de Andrei Chikatilo, el mayor asesino en serie de la historia de la Unión Soviética.



También están los que buscaban pasar a la posteridad y/ o vengarse de quienes les habían agraviado/ vejado y ninguneado, tal y como fue el caso de Eric David Harris y Dylan Bennett Klebold –los adolescentes responsables de la masacre en el instituto Columbine- o Alan Lamza, responsable de asesinar a veinte niños en la escuela elemental Sandy Hook, hace tan sólo unos meses.

Y por último están quienes no se conformaban con matar a una docena, medio centenar o varios centenares, sino que ansiaban el “más difícil todavía” o, lo que es lo mismo, alcanzar el calificativo de genocidas con mayúsculas. Dos ejemplos muy elocuentes de esto último son Rudolf Höss, SS Obersturmbannführer y director del campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau, y Otto Adolf Eichmann, también SS-Obersturmbannführer y uno de los principales ideólogos de la llamada “Solución final para el problema judío” (Endlösung der Judenfrage) quien acuño dicho término para la posteridad.

Ambos, son la prueba viviente de cómo un ser humano puede ser más sádico, depravado, amoral y monstruoso que la suma completa de todos los monstruos creados por el imaginario literario desde que el hombre empezó a escribir sobre una superficie cualquiera.

Y todos juntos o, por lo menos, algunos de sus elementos más sobresalientes conforman la psique y la motivación del último demente asesino -Psycho-killer cinematográfico- en toda la inmensidad de una pantalla grande, Seiji Hasumi, protagonista principal del último delirio visual rodado por Takashi Miike.

Seiji Hasumi es el profesor perfecto en todos los sentidos; es decir, inteligente, ameno, divertido, cercano, atento, educado, cortés y siempre preocupado por sus alumnos y lo que a estos les pudiera suceder. Su celo va más allá de las paredes del centro en el que imparte clases, de ahí que no dudará en interponerse en el camino de quienes traten de abusar de algún modo de cualquiera de sus alumnos, sin detenerse en si dicha persona es un compañero de trabajo y/ o un acomodado residente de la localidad.

Con tales señas de identidad nadie, ni siquiera el más suspicaz, podría llegar a sospechar que tras su perfecta sonrisa y su no menos perfecta apariencia de persona franca y legal se esconde un demente amoral que sufre infringiendo el dolor y el sufrimiento a quienes lo rodean.

Su estela de cadáveres empezó siendo un adolescente, siendo sus padres sus primeras víctimas. Después le tocaría el turno a su compañero norteamericano de universidad, otro ser igualmente depravado y demente que acabaría abrasado ante la extasiada mirada de Hasumi. Más tarde serían los alumnos de otro instituto –suceso tachado de suicidio colectivo de adolescentes- escalón que le sirvió para darse cuenta de que su futuro pasaba por la enseñanza.



Claro está que el tema del suicidio en masa, problema real que ha sacudido a Japón en más de una ocasión, no resultaba tan atractivo como la primera vez y… pensando, pensado, al modélico profesor se le ocurrió la solución: ¿Y si reinvento la masacre de Columbine, pero en un instituto cerrado, de noche y sin posibilidad alguna de escapar y/ o pedir ayuda? Con mi experiencia, aplomo y seguridad, no caería en las carencias y defectos de Eric David Harris y Dylan Bennett Klebold, sino que me asemejaría  más a las tropas de asalto nazis, durante la destrucción y exterminio de los habitantes del Ghetto de Varsovia en 1943.

Con la idea en la cabeza, una melodía que tatarear –the Ballad of Mack the Knife- y una buena provisión de cartuchos de caza para su fusil, sólo era cuestión de tiempo y entrega por parte de Hasumi, todo un maestro en el arte de cazar a sus indefensos estudiantes, lograr que su empresa llegara a un buen puerto.
La sangre, los gritos de terror y el atronador sonido del fusil en un espacio cerrado son gajes del oficio, pensará el entregado profesor, inconvenientes que se remedian con unos buenos tapones, un chubasquero y un paseo por el campo a la luz de estrellas.

¿No me creen?.... Pues esto y algunas cosas más es Lesson of Evil, Aku No Kyôten, vuelta de tuerca nipona sobre la imaginería del asesino en serie, amante de cometer sus crímenes en un espacio público, con víctimas adolescentes y sin ninguna traba moral que se lo impida.

Seiji Hasumi representa a un Adam Lamza adulto, con la amoralidad de un Charles Manson, el encanto de Adolf Eichmann y el sadismo y sed de sangre de Andrei Chiikatilo. Además, como cualquier enajenado mental, Hasumi también tiene sus delirios mitológicos y/ o divinos, y un sentido del humor importado de una serie como Dexter, delirio televisivo protagonizado por otro pyscho-killer como Hasumi.



¿Y el resultado? Otro exceso visual, auditivo, expresivo y demencial, cortesía del director, guionista y agitador profesional japonés que responde al nombre de Takashi Miike.

Lesson of Evil es una película perversa, porque te obliga a ser partícipe de una matanza fría, dura, sádica y descarnada, sin que el espectador pueda hacer nada por impedirlo. Es lo mismo que si te sentaran en una butaca a ver, por la mirilla de las cámaras de gas, como las cápsulas del gas Zyklon B acababan con la vida de quienes llegaban hasta el campo de concentración de  Auschwitz-Birkenau. Sin embargo, esta frialdad, no exenta de un sentido del humor muy, muy negro, surrealista y delirante en algunos momentos, no es óbice para que el director nos muestre su versión de lo que es, en realidad, su definición de la palabra monstruo, en grande y con letras luminosas.

Monstruos que cada poco tiempo deciden aflorar y asolar un centro comercial, un colegio o un supermercado. Monstruos que se esconden detrás de leyes que les permiten llevar fusiles de asalto y granadas anti-carro como si se tratara de caramelos y serpentinas. Monstruos que nuestra sociedad crea y luego suelta, sin reparar en las consecuencias de tales actos.

Seiji Hasumi, al igual que Adolf Eichmann, Rudolf Höss o Andrei Chikatilo no conoce las palabras remordimiento, pena o culpa.  Son seres que no necesitan dichas barreras morales para poder vivir, sino todo lo contrario. El problema viene cuando una sociedad prefiere crear esos monstruos antes que buscar soluciones para prevenirlos y es, entonces, cuando acaba pasando lo que acaba pasando.

Seguro que si pudiéramos hablar con Takashi Miike, éste, después de convencernos que todo aquello que acabábamos de ver era sólo una película, a reglón seguido se nos quedaría mirando y nos diría…  ¿Sabes una cosa? Los monstruos existen y son como tú y como yo, no lo olvides. Y si algún día te encuentras con uno de ellos, sólo tendrás tiempo de gritar y, quizás, de correr unos pasos antes de morir.



Ahora sólo queda saber si todos ustedes serán capaces, cuando la película llegue a nuestro país, durante el próximo festival de cine fantástico de Sitges 2013, de ir a verla. Yo la vi y disfruté en el festival de cine de terror de Helsinki –Night Visions Back to Basics 2013- y no me arrepiento. Aun me resuenan los oídos por los disparos de Hasumi, pero, como todo, se me pasará.

El resto, como es costumbre, corre por cuenta suya…

©Bungeishunju; Dentsu; Nippon Shuppan Hanbai (Nippan) K.K.; OLM; Oriental Light and Magic; Toho Company, 2013
© Asylum Films; Citadel Entertainment; Home Box Office (HBO), 2013 






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