domingo, 10 de noviembre de 2013

ENTREVISTA CON NOORA MAIJALA, RESPONSABLE DE LOS VOLUNTARIOS EN EL FESTIVAL DE CINE CINEMAISSI 2013



Si me quisiera poner estricto, debería analizar todos aquellos elementos y/ o experiencias personales que han dado como resultado, una vez sumados todos, una de esas verdades absolutas que cada persona posee en su credo personal; es decir, quienes te ayudan, ya sea de manera desinteresada o remunerada, se merecen el mayor de los respetos, en cualquier momento y en cualquier circunstancia.

Sé que hay personas desagradecidas, amantes confesas de aprovecharse de una situación y arruinarla, con tal de salirse con la suya. Sin embargo, no es menos cierto que es muy fácil volcar tu repertorio de inseguridades en quienes están aprendiendo y sólo tratan de encontrar un lugar en este esperpento de mundo en el que nos ha tocado vivir. Aquellos que se empeñan en abusar, verbal y físicamente de los recién llegados –y que se autoproclaman veteranos- son solamente una caterva de ignorantes, vomitivos y nauseabundos, incapaces de liberarse de la losa que les supone su mediocridad y su malsana ignorancia.

Admito que mi problema estriba en que, al revés de que quienes sí se ceban, aprovechan y/o abusan de los novatos, recién llegados y/ o voluntarios, yo no he tenido un lapso momentáneo de memoria, ni nada por el estilo. Por dicha razón, no hay ninguna causa externa, ni interna que me impida recordar lo mal que lo pude pasar cuando debí sobrellevar dichas experiencias, estando a merced de los delirios de los miserables antes mencionados.

Con el paso de los años, mi concepción sobre este tema no me ha granjeado, precisamente, muchos amigos, aunque tampoco es algo que me haya quitado el sueño. Con todos mis defectos, y sé que he cometido errores enormes, y muchos, sí que me siento orgulloso de haberle parado las patas a muchos jefecillos de tercera categoría, auténticos “cantamañanas” sin mayor virtud que ostentar un cargo que les venía grande desde antes de nacer. Tiparracos… Botarates, y más como ésos, son los que hacen que nuestra sociedad funcione tan mal, aunque ese tema no sea el central de esta columna. 

El tema central de esta columna es hablar, sin entrar en asuntos personales, de quien se hizo cargo de los voluntarios en el pasado festival de cine iberoamericano de Helsinki, Cinemaissi 2013. En realidad, mi primer contacto con Noora Maijala fue el mismo día que fui a buscar mi acreditación de prensa y debo admitir que me sorprendió su cordialidad, además de su castellano más que correcto. No me entiendan mal, no me importa hablar, constantemente, en otro idioma, mi lengua puente en este país es el inglés, dado que el finlandés, aunque lo entiendo un poco, no se ha hecho para mis, ya oxidadas, neuronas. No obstante, pasarme un fin de semana hablando en mi idioma es algo que resulta hasta refrescante.

Sea como fuere, el segundo día del festival volví a coincidir con ella y, tras explicarme cuál era su cometido, -responsable de los voluntarios del festival-, pude ver cómo se comportaba y cómo trataba a los voluntarios. Por lo general, los voluntarios son tratados de una forma mucho más sensata, humana y cercana aquí, en Finlandia, que en España, aunque en eso nuestro país siempre ha estado muy por debajo de la media. Salvo muy gloriosas excepciones, a los voluntarios en nuestro país, aquéllos que lo hacen “por amor al arte y en busca de experiencias”, se los trata indistintamente como basura y sé MUY BIEN de lo que hablo, demasiado bien.

Siguiendo el tema en cuestión, ese mismo día Noora me comentó lo que había pasado con la copia en una sesión y cómo se había comportado la voluntaria Sophie, para más señas, dado que yo estaba en dicha sesión como parte del público. Su forma de plantear el problema, el trato que le dispensó a la voluntaria y el celo por tratar de que nadie se sintiera decepcionado por un error que suele ser habitual en un festival de cine –aunque era la primera vez que veía algo así, tras tres décadas asistiendo a festivales, la verdad sea dicha- me acabaron por demostrar que hablar con ella sería una muy buena oportunidad para pintar un fresco sobre cómo se tratan éstos y otros asuntos en este país del norte de Europa.

¿Cómo acabé siendo la responsables de los voluntarios de Cinemaissi? Bien, fue Jaime (Potenze, director del festival) quien me lo propuso, una vez que la anterior responsable dejó el cargo. Yo fui voluntaria el pasado año y, además, me hice amiga de mi jefa. Por eso, pude descubrir muchas más cosas que las que, normalmente, ve un voluntario cualquiera. Admito que me encantan los retos y cuando Jaime me lo propuso, acepté.

Una vez que asumí que debía coordinar a un grupo de personas, pensé en lo que había visto el año pasado, aquellas cosas que yo pensaba que había que cambiar y luego adaptarlo todo a mi manera de trabajar. Ahora, una vez finalizado el festival, estoy contenta con cómo salieron las cosas y con el trabajo del 95% de los voluntarios. Siempre hay gente que no responde a las expectativas, aunque es cierto que hay voluntarios que llegaban al festival después de trabajar ocho horas y se me hacía duro tener que decirles que debían estar, por ejemplo, vendiendo entradas hasta las diez de la noche, con lo que su jornada acababa siendo de más de doce horas.  

Es cierto que, cuando se es voluntario, uno no se preocupa de muchas cosas, salvo de cumplir sus horas y lograr ver cuantas más películas, mejor. Ahora, se trabaja mucho cuando se es voluntario y, como ya te he dicho, después de ir a clase todo el día o después de terminar de trabajar, con lo que el esfuerzo es doble.

También sé que resulta difícil hacerle entender a las personas con las que trabajas cuál es el funcionamiento de un determinado evento. Yo ya tenía otras experiencias desarrollando proyectos en la universidad, algo que me ayudó cuando acepté ser coordinadora. Sin embargo, tienes que estar aquí para darte cuenta de cómo funciona, en realidad, un festival como Cinemaissi.

El día de la inauguración, Sofía (Déniz), productora del evento, dijo que trabajar en el festival había sido un camino con sus momentos buenos, algunos no tantos, y otros en los que parecía que nada llegaría a salir. Pienso lo mismo, aunque, en mi caso, sé que tengo una forma de trabajar que no siempre es compatible con todo el mundo, salvo con mi pareja, con quien no sólo trabajo bien, sino que me entiende y sabe cómo tranquilizarme en medio de una crisis.

¿Soy de las que se lleva el trabajo a casa? Sí, normalmente, sí, sobre todo cuando pienso que las cosas se podrían haber hecho de otra forma y, por una suma de factores, no fui capaz de hacerlo como yo hubiera querido. Al final, logro relajarme, pero hay veces en las que me acuesto con una idea y me levanto pensando en ella. (risas)

¿Qué cambiaría si pudiera? Una cosa. Pediría tener más tiempo para conocer y trabajar con los voluntarios. Este año apenas he tenido un par de días para hablar con ellos y creo que, si se tuviera más tiempo, se les podría enseñar mejor y hacerles comprender cosas que, sin tiempo, resulta muy difícil hacerles entender. He sido voluntaria y algunas veces eché de menos alguna explicación y la posibilidad de comentar algo o, simplemente, preguntar. De todas formas, te vuelvo a decir que con el poco tiempo que tuve y siendo éste mi primer año, estoy muy satisfecha con el trabajo.

¿Volveré el año que viene? La verdad es que no lo sé. Me ha gustado mucho trabajar en Cinemaissi y ya te he dicho que este trabajo es un reto continuo. Lo que ocurre es que hay muchas cosas que quiero hacer y no sé si podré abarcarlo todo. De todas formas, estos dos años ha sido muy buenos, sobre todo este último y estoy muy agradecida por la oportunidad que me brindó Jaime al ofrecerme ser la coordinadora de voluntarios.

Tal y como podrán ver, Noora Maijala demuestra no sólo una gran claridad de ideas, sino memoria y una coherencia profesional que no suele ser la moneda de cambio en nuestra geografía. Además, queda claro que ha tratado de aprovechar todas sus experiencias para forjarse un carácter que le ayude a enfrentarse al reto que supone no sólo organizar, sino ser responsable de un equipo de trabajo, una tarea que, aunque grata, nunca está exenta de problemas y/o conflictos.

Lo que yo puedo añadir son los momentos en los que pasé observando su comportamiento, su gusto por cuidar los detalles, por tratar a todo el mundo por igual y porque la imagen del festival siempre quedara en buen lugar, un concepto –el de la imagen de marca- tan oscuro y difuso como olvidado en nuestro país. Me imagino que, luego, cada cual tendrá sus propias opiniones al respecto, pero llevo los suficientes años trabajando en ambos lados, como periodista y como organizador/ coordinador y relaciones públicas de eventos, como para saber qué es lo que se debe y lo que no se debe hacer, y qué estilo es mejor y cuál es mejor dejar metido en el armario, bien cerrado y olvidado.

Y les puedo asegurar que el estilo de Noora Maijala es que el muchos deberían hacer suyo, tanto en el trato para con los demás como en su forma de cuidar las formas y defender la integridad y la imagen de un evento que, cada día, gana en adeptos, simpatizantes y colaboradores, a tan sólo un año de su décimo aniversario.

Poder hablar con Noora Maijala tras la finalización del evento me demostró que se pueden hacer las cosas de otra forma –y no de la forma torpe, miserable y prepotente que se dispensa en un evento cultural en tierras hispanas- y que nunca, nunca se debe perder ni la memoria, ni las buenas formas.

Sólo espero que el año que viene vuelva a estar al frente de los voluntarios, una pieza más importante de lo que muchos creen y, si no es así, que encuentre ese lugar/ evento/ reto en el que volcar todo su corazón, tal y como me dijo antes de despedirse.   

No hay comentarios: