lunes, 16 de diciembre de 2013

MY BLUEBERRY NIGHTS


Una noche cualquiera, en una ciudad de los Estados Unidos. Una novia discute con su pareja por teléfono. Las cosas no marchan bien y el resultado final es una ruptura telefónica que evita el enfrentamiento cara a cara.
En medio de un escenario urbano, la novia despechada, Elisabeth, (Norah Jones) repara que hay un testigo de toda la acción, un camarero, Jeremy (Jude Law) que está en plena tarea de limpieza.
Sin saber muy bien por qué, se acerca hasta él y empieza una conversación que le ayuda a disipar la tensión del momento.

Tras conversar durante unos minutos decide irse, no sin antes dejarse unas llaves con la consigna de que se las den a quien pregunte por ellas.
Pocas horas después la protagonista de la historia regresa al lugar y le pregunta al camarero si alguien ha venido buscar las llaves. Éste le dice que no y le enseña una pecera llena de llaves, a la espera de que alguien las venga a recoger.

A partir de ese momento, y con la excusa de recordar la historia que cada uno de aquellos pedazos de metal esconden, ambos protagonistas empiezan a conocerse, a intimar, a descubrir razones y motivaciones tiempo atrás olvidadas, encontrando aquello que en algún momento fue realmente importante para ellos. 
Son unas veladas que trascurren frente a un trozo de tarta –aquella que por una extraña razón nadie come- y la quietud de la noche, dama que preside sus encuentros. Ambos terminan por vivir un tempo prestado a los seres mágicos de cuentos y leyendas, donde sólo ellos son los verdaderos protagonistas.

Sin embargo, un día la protagonista decide emprender un viaje que le llevará a descubrir la realidad de otros personajes tan necesitados de un minuto de atención, como lo estaba ella el día que discutió con su novio. Son seres que viven existencias incompletas, fracturadas por las circunstancias de sus vidas y que encuentran en la joven, la cual ha asumido ahora la faceta de camarera, un punto y seguido en sus maltrechas vidas.

Para la protagonista, cada uno de ellos -desde el matrimonio que vive separado por el alcohol y el deseo, Sue Lynn y Arnie, hasta Leslie, la ludópata que trata de recorrer el camino inverso al de su progenitor- son las escalas de un viaje que le llevarán a encontrarse consigo misma y con su verdadera identidad.

Y no piensen que la protagonista se ha olvidado del camarero que conoció al principio de la historia. No, éste forma parte del viaje mismo, por medio de las postales que le manda desde cada uno de los lugares que visita. Para él, aquellas postales le recuerdan los momentos transcurridos debajo de la luz de la barra de su bar, frente a un trozo de tarta recién cortada.

My Blueberry Nights representa un viaje físico y mental de unos protagonistas que tratan de encontrar –como el común de los mortales- su lugar en el mundo. Su director, Wong Kar-wai, vuelve a llevarnos de viaje, una de las constantes de su cine, y nos da su peculiar visión de una clásica “Road Movie” norteamericana.

La diferencia es que el papel interpretado con tremendo acierto por la cantante Norah Jones –en su debut cinematográfico-, no se nos presenta como una huída del pasado, sino el comienzo de una nueva vida.
Ella pone todo su empeño en descubrir qué es realmente lo que quiere hacer con su vida y no duda en interactuar con quienes se cruzan en su camino para lograrlo.  Gracias a ella conocemos las pequeñas tragedias que se esconden detrás de personajes normales y corrientes a los que la vida ha jugado una mala pasada.
Por momentos la narración parece una partida de cartas en la que debes saber cuándo plantarte y cuándo apostar todo lo que tienes encima de la mesa.

Y en medio de todos ellos se esconde esa forma relajada y poética de filmar que se ha convertido en el sello de identidad de Wong Kar-wai. Su cámara no fuerza las situaciones, no vulnera la tranquilidad de los protagonistas. Pasa de puntillas sobre sus vidas sin hacer ruido, como si no quisiera interrumpir el desarrollo vital de cada uno de los protagonistas. 
De esa forma, la atmósfera que rodea a toda la narración no se pierde en estridencias inútiles ni en vanos artificios.  Wong Kar-wai logra, con esta forma de contar, que el espectador pase a ser un protagonista más de la acción, ocupando un silla del bar en el que trabaja Jeremy, esperando turno para que Elisabeth le sirva su pedido, compartiendo una copa con Arnie (David Strathairn) y Sue Lynn (Rachel Weisz) o jugando una partida de cartas con Leslie (Natalie Portman).

Al final, toda la historia se cierra en un círculo perfecto, redondo y lleno de ternura y genialidad.  

Puede que esta historia se pudiera contar con miles de palabras, con frases ingeniosas, pero las imágenes rodadas por Wong Kar-wai, según una historia y un guión escrito por él mismo, son de un lirismo que traspasa el lenguaje hablado para llevarnos hasta el mundo de la ensoñación y la imaginación, inmerso en una sociedad menos dispuesta cada vez a dejarse seducir por tales disciplinas.

Todo lo demás corre por cuenta de cada uno, nada más apagarse las luces de la sala, en la soledad del salón de tu casa, después de darle al play en el reproductor que toque.


© Block 2 Pictures, Jet Tone Production, Lou Yi Ltd. & StudioCanal, 2013

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