lunes, 9 de diciembre de 2013

NIGHTS VISIONS MAXIMUM HALLOWEEN 3013


Admito, sin ningún pudor y recato, que la motivación que me llevó a convencer al redactor de un medio de comunicación de las islas para que éste lograra que el medio en el que él trabajaba solicitara una acreditación de prensa para cubrir un determinado festival fue absolutamente egoísta. Y lo fue, porque cuando vi la oportunidad de acudir como periodista acreditado al festival de Sitges, más conocido como festival de cine fantástico de Sitges, no paré hasta conseguirlo.

El cine de género siempre ha sido el que más me ha gustado, el que me ha hecho recorrer buena parte del mundo y aquel por el que tengo una mayor querencia. Otra cosa bien distinta era decir, en aquellos años, -1986, para ser exactos- que te querías dedicar a escribir sobre cine de género, algo considerado poco menos que una anatema y merecedor de un excomunión papal.

Piensen, si no, que, durante varias décadas, los exponentes del cine de terror y fantasía se limitaban a nombres tan señalados y recordados como Jesús Franco, Narciso Ibáñez Serrador -y su inimitable padre, Narciso Ibáñez Menta-, Amando de Ossorio, Jorge Grau o el gran Paul Nashy, auténtica piedra angular sobre la que se sustentó el cine de género durante varias décadas.

De ahí que, con dichos antecedentes y la consideración profesional reinante para quienes quisiéramos dedicarnos a escribir no sobre cosas serias, sino sobre “pavadas”, tales como monstruos, fantasmas, zombis, héroes oscuros e imperios galácticos, mis expectativas profesionales fueran más bien pocas.
Los años pasaron, el siglo XXI llegó, con la globalización y la red de redes, y aunque muchos se muestran irreductibles -como los galos de Goscinny y Uderzo- las cosas han cambiado… Más o menos, pero han cambiado.

Ahora no sólo está de moda hablar de zombis, hombres arácnidos y vengadores oscuros, sino que mola y mucho, vaya que sí. Otra cosa es que quienes ahora se comportan así, tengan la más mínima idea sobre qué están hablando, pero ésa es otra cuestión.

Volviendo a mi caso particular, a mi devenir por festivales de cine, he añadido el cubrir festivales de todo tipo y condición, dentro y fuera de nuestro país, aunque mi querencia hacia el cine de género no haya disminuido un ápice, sino todo lo contrario.

Por todo ello, no es de extrañar que, de entre todos los festivales que cubro durante el año –una media de entre 6-9 festivales, desde hace casi una década- Night Visions sea, junto con la sección dedicada a las candidatas a llevarse el Méliès de oro a la mejor producción de género europea (celebrada en Espoo Ciné), el lugar en el que me sienta más a gusto. Además, admito que las vueltas de tuercas argumentales, perpetradas por el director del evento, Mikko Aromaa, y su equipo, año tras año, no dejan de sorprenderme.

Esta pasada edición del festival, Maximum Halloween 3013, Night Visions nos ofreció la posibilidad de disfrutar de un selecto menú de psicópatas caníbales, dentro de la sección Nights Visions Culinary  Cinema + Dinner. El menú no incluía un buen plato de pasta con almejas, sino un clásico del cine “caníbal” transalpino, Eaten Alive (Mangiati vivi!) del irrepetible Umberto Lenzi, junto con la sórdida, oscura, pero tremendamente inteligente realización de Jim Mickle We are what we are, y la no menos desasosegante Lord of Darkness (a.k.a. Sawney: flesh of blood). 


Esta última, dirigida por el escocés Rick Woods, quien acudió al festival para presentar su película -y de paso contarnos algunas cosas sobre su rodaje-, bebe de la truculenta historia de un clan familiar, psicópata, caníbal y demente, versión europea de los no menos dementes integrantes del clan familiar que sirvió de inspiración al realizador Tobe Hopper para su celebérrima Texas Chainsaw masacre, décadas atrás.


La salvedad es que Lord of Darkness es una película sin mayores pretensiones que las de entretener y sobresaltar al público, merced a la buena actuación de algunos de sus actores principales, mientras que We are what we are plantea dilemas mucho más complejos y espinosos, amén de una reflexión sobre las reglas morales que rigen el esperpento de sociedad humana en la que vivimos.

Esa misma moralidad -tan inflexible como difusa, según sea la circunstancia en la que estemos inmersos- se plantea en la sensacional Big bad wolves, realización israelí dirigida por el dúo Aharon Keshales y Navot Papushado. La trama de esta ácida, a veces delirante, pero tremendamente extrema película es simple; es decir, ¿hasta dónde llegarías para lograr encontrar el cadáver de tu hija, desaparecida tras ser secuestrada?
Los protagonistas son pocos. El padre de la niña, un policía, amante de los excesos y el castigo físico, un sospechoso claro -por lo menos, a ojos del padre de la niña- y, en última instancia, el abuelo de la niña, mucho más sádico y determinado que su hijo.


Pónganlos todos en medio de un sótano, especialmente adaptado para poder torturar a una persona sin peligro de ser molestado y, el resto, es lo que cuenta la película de los dos jóvenes realizadores israelíes.
Big bad wolves pone los siguientes dos temas sobre la mesa, de imposible resolución: la tortura, práctica que lleva al ser humano a comportarse como el animal NO racional que en realidad es, y la imposibilidad de ganarle la partida, con las leyes en la mano, a la legión de psicópatas y degenerados que gustan de atentar contra los más débiles e indefensos de nuestra sociedad.

La degeneración moral que sufren los protagonistas es clara y rotunda, pero la pérfida y sádica inteligencia de quien disfruta con el dolor ajeno tampoco se queda atrás y lleva a todos, protagonistas y público, a transitar un callejón sin salida del que nadie sale indemne.


Indemnes tampoco salen los protagonistas de la segunda incursión cinematográfica de la pareja Hélene Cattet y Bruno Forzani, tras su magnífica Amer. The strange color of your body´s tears (a.k.a. L´Etrange Couleur des Larmes de ton corps) vuelve a querer reinventar el Giallo más clásico, aunque sin tanta fortuna como sí ocurriera en Amer. Sus personajes son víctimas de los mismos delirios argumentales y visuales que luego hicieron famosos a directores tan conocidos como Dario Argento, Mario Bava o Lucio Fulci. No obstante, la narración queda algo afectada por un sinfín de secuencias un tanto inconexas y excesivas, muchas de las cuales lastran la puntuación cinematográfica, frente a otras, mucho más sencillas pero de mayor efectividad narrativa.

No quiero decir que la película de la pareja Cattet & Forzani no sea digna de dedicarle los 102 minutos que dura, pero no sería justo si no reconociera que sus esfuerzos por sorprender al espectador con una nueva “vuelta de tuerca visual” terminan por no ser tan efectivos e impactantes como si lo fueran en su anterior película.

De igual modo, es de recibo reconocer que ambos realizadores están logrando hacerse un hueco en el panorama cinematográfico internacional gracias a sus reinterpretaciones del Giallo más clásico, aunque adaptado al siglo en el que vivimos, visual y argumentativamente hablando.   


Otra reinterpretación que sí logra seducir plenamente al espectador, tanto por su impecable factura como por su narración, es Kiss of the damned, escrita y dirigida por Alexandra “Xan” Cassavetes, hija del gran John Cassavetes y de la no menos importante Gena Rowlands.

Kiss of the damned es una visión real, pero tremendamente sensual y hermosa del vampirismo como forma de vida. Los personajes que pinta Xan Cassavetes no son de cartón piedra -como ocurre en otras realizaciones que tocan el tema del vampirismo- y, como seres reales, tienen sentimientos, emociones, dudas y tribulaciones, a lo largo de sus longevas vidas.
Después están quienes sólo se dejan dominar por sus instintos, no los vampíricos, sino los humanos, instintos que ponen a nuestra sociedad en el disparadero y que, un día de estos, acabarán con ella.

En esta historia, la atormentada y bella Djuna tiene en Mimi su némesis maligna y el foco de todos sus problemas, por mucho que su mentora, Xenia, trate de poner paz entre ellas. Con la llegada de Paolo, un joven escritor que acepta el desafío de ser convertido en un no muerto, las cosas irán a peor, porque cuando son los instintos los que mandan sobre el raciocinio, nada bueno puede pasar. 

La virtud de la realizadora y escritora es situar todas estas pasiones bajo el prisma del vampirismo, cargado de sensualidad, perversión, belleza y repulsión, elementos manchados por la sangre que brota de los cuellos de las víctimas que alimentan a quienes viven por y para ella.


Quien también logra reinterpretar otro de los temas clásicos en el cine de género; es decir, las posesiones demoniacas, y con buena nota, es Adrián García Bogliano, responsable de la película Ahí va el diablo.
Partiendo de una premisa igualmente clásica, un territorio maldito y la truculenta historia de un asesino “serial”, Ahí va el diablo, bebe de fuentes tan conocidas para los aficionados como las dos versiones existentes de Village of the dammed (1960/ 1995), amén de añadir las andanzas de un depravado ser que asoló y atemorizó a todo el entorno el cual sirve de escenario a la película. Luego el director lo mezcla todo con los problemas y la idiosincrasia particular de la sociedad mejicana y el resultado termina por hacer que te sientas incómodo en tu butaca, sin necesidad de mucho más.

Al final, los niños que un día fueron a dar un paseo y volvieron transformados son una excusa argumental para mostrarnos las bajas pasiones, los excesos de muchas sociedades, en especial las latinas, y la incapacidad del ser humano por ponerse de acuerdo en las cosas más elementales y recurrir a la violencia como interlocutor válido en vez del diálogo.

Una vez que las luces se encienden, uno no tiene claro si han sido los niños que protagonizan las película los que han sido poseídos por una entidad maligna, o, por el contrario, son los demás personajes, empezando por los progenitores de los niños, quienes llevan décadas poseídos por algo mucho peor que un demonio.


Una conclusión similar se puede extraer de un nuevo ejemplo de la maestría del director chino Johnnie To, realizador empeñado en mostrarnos la violencia más extrema, áspera y sangrienta, tan del gusto de los seres humanos. Drug War (Du Zhan) nos demuestra que la guerra contra el tráfico de drogas está lejos de concluir, más bien todo lo contrario. En esta contienda que lleva ya más de un siglo desarrollándose sólo hay víctimas, algunas más culpables que otras, pero víctimas. Recurriendo al dictado de los implacables Borg del universo Trekkie, “toda resistencia es fútil”. Ni siquiera los esfuerzos del capitán Zhang Lei, un pétreo oficial anti-droga, tan inteligente como expeditivo, pueden lograr que la balanza se desequilibre un poco frente a quienes compran voluntades, corrompen gobiernos y arruinan generación tras generación de jóvenes. 

En esta guerra, parece querer decir Johnnie To, el resultado está amañado de antemano y poco pueden hacer los jugadores por cambiar la situación.


Algo parecido se podría decir de los personajes que transitan por la última aventura cinematográfica del director finlandés Renny Harlin, The Dyatlov Pass Incident. Basada en un suceso real, nos cuenta la extraña muerte de nueve personas durante la noche del dos de febrero del año 1959, en medio de los montes Urales. Ni ahora, ni entonces, a pesar de las explicaciones aportadas por los responsables políticos de aquellos años, se ha logrado determinar la razón de las muertes de todos y cada uno de los integrantes del grupo –tres mujeres y seis hombres- y por qué, varios cuerpos sufrieron heridas y amputación de miembros y otros no, estando todos juntos en el mismo campamento.

A día de hoy, el suceso, ya conocido por el nombre de The Dyatlov Pass Incident, apellido del guía del grupo, Igor Dyatlov, continúa siendo uno de los misterios sin resolver que apasiona y obsesiona a investigadores, curiosos y amantes de los expedientes X reales.

Para el director nórdico, The Dyatlov Pass Incident supone una excusa para, cámara en mano, volver a recorrer la senda que trazaran los estudiantes del instituto politécnico de los Urales fallecidos en 1959, dando, de paso, su versión de lo que allí pudo suceder.  Tal y como sucede con cualquier tipo de experimento visual de estas características, tiempo después del filón abierto por The Witch Blair Project, la película gusta de sobresaltar al espectador gracias a la excusa más nimia, aunque, por fortuna para quienes vean la película, Harlin sabe cómo manejar una cámara, frente a quienes solamente tratan de marear y no contar nada.

No obstante, la interpretación del suceso acaba por dejarte un tanto frío, casi tanto como las peregrinas excusas de las que solía hacer gala el régimen soviético cuando no quería contar la verdad, razón por la que, a final, el misterio del grupo liderado por Igor Dyatlov continúa igual de misterioso.

Termino este recorrido por algunas de las mejores propuestas del festival Night Visions Maximum Halloween 3013, con dos películas. La primera, la que inauguró el festival, es Gravity, de Alfonso Cuarón. La segunda, Escape Plan, del director sueco Mikael Håfström.


Lo primero que se me vino a la cabeza cuando estaba viendo la sensacional propuesta escrita y dirigida por Cuarón padre –su hijo Jonás es también responsable del guión- fue la frase con la que se subtituló Alien en España; es decir, “en el espacio, nadie podrá oír tus gritos.”

Gravity se diferencia de la película de Ridley Scott en que, en esta ocasión, el antagonista al que se enfrenta la doctora Ryan Stone no es una sanguinaria e implacable criatura alienígena, sino la soledad, fría y silenciosa, el espacio exterior.

Alfonso Cuarón no necesita de grandes efectos, música inquietante ni sombras que esconden malévolas criaturas. Le basta combinar el miedo, la ansiedad, la desesperación y el instinto de supervivencia de la protagonista para tenernos noventa minutos tan desasosegados como la astronauta que ve cómo su vida puede terminar vagando sin rumbo por el espacio exterior.


Por último, y no por ello menos importante, quiero rendir un pequeño homenaje a dos actores que, después de llevar casi cuatro décadas haciendo películas, han llegado a un momento de su carrera donde hacen lo que hacen porque les gusta y se lo pasan bien. Los nombres de estos dos actores, Sylvester Stallone y Arnold Schwarzenegger, y la película que ha logrado juntarlos es Escape Plan.

Dirigida por el director sueco Mikael Håfström, Escape Plan retoma una fórmula muy clásica; es decir, enfrentar a dos protagonistas, acostumbrados a ser el centro de toda narración, y obligarles, en el buen sentido, a compartir espacio y protagonismo.

Además, los papeles en los que Sylvester Stallone no hace de héroe con mayúsculas, sino de tipo normal y corriente, sometido a situaciones anormales son aquéllos en los que mejor se desenvuelve. En el caso de Arnold Schwarzenegger, el paso de los años le han dado un aplomo y cierta aura de respetabilidad, la cual le viene que ni pintada para el papel que interpreta. El  tercero en discordia es el cada vez más presente Jim Caviezel, un actor que sin armar nada de ruido ha logrado colocarse a la altura de los más grandes.

La virtud del director es doble, pues no solo no da señas de sentirse muy intimidado, sino porque combina el guión de la película con una selecta selección de chistes privados que solo conocen quienes hemos visto la trayectoria de estos grandes actores, desde sus comienzos.

¿Hay más cosas que contar de Night Visions Maximum Halloween 3013? Sí, pero eso lo dejaré para una próxima reseña.   

We are what we are
© Belladonna Productions, Memento Films International, Uncorked Productions, Venture Forth & The Zoo, 2013

Lord of Darkness
© TVP Film & Multimedia, 2013

Big bad wolves
© United Channel Movies, 2013

L’étrange couleur des larmes de ton corps
© Anonymes Films & Tobina Film, 2013

Kiss of the damned
© Bersin Pictures, Deerjen Films, Venture Forth & Verisimilitude, 2013

Ahí va el diablo
© MPI Media Group, Morbido Films & Salto de Fe Films, 2013

Drug War
© Beijing Hairun Pictures Company, Huaxia Film Distribution Company, CCTV Movie Channel Milky Way Image Company & Hairun Movies & TV Group, 2013

The Dyatlov Pass Incident
© Aldamisa Entertainment, K. JAM Media, Future Films, Midnight Sun Pictures & Non-Stop Productions, 2013

Gravity
© Warner Bros., Esperanto Filmoj & Heyday Films , 2013

Escape Plan
© Summit Entertainment, Emmett/Furla Films, Mark Canton Productions, Emmett/Furla Films,
Envision Entertainment Corporation, Boies/Schiller Film Group & Atmosphere Entertainment MM, 2013





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